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20 nov 2012

Produce tú que a mí me da la risa


No hace mucho, me senté delante del ordenador, lancé la cola del frac por detrás de la banqueta como hacen los pianistas y, tocando las teclas sin desafinar ni un pelo, escribí:
SEC 1.- EXT. DÍA              TERRAZA
Os juro que en ese mismo momento, incluso antes de escribir las primeras acotaciones que vendrían después, yo ya pensaba que acababa de hacer magia. Me sentía inspirado, creativo, el puto amo. Sólo había escrito el encabezamiento de la primera secuencia y ya había conseguido situar la historia en un contexto mágico. Imaginaba una terraza, con la ciudad de fondo y los personajes hablando apoyados en la barandilla. Estaba seguro, acababa de hacer magia.
Pero me equivocaba, lo que acababa de hacer era liarla parda.
Si hay un consejo que creo que puedo dar a los guionistas que empiezan, es que traten de ponerse en la piel de todas y cada una de las personas que participan en el proceso creativo que empieza justo después de que ellos terminen de escribir. Todo guionista debería ser consciente del esfuerzo que requiere convertir las palabras en imágenes.
Evidentemente, no quiero decir que debamos aprender a operar una cámara, a iluminar, a sonorizar, a interpretar, a maquillar, a elegir vestuario, a dirigir, a montar, a producir… cada una de esas cosas son lo suficientemente complicadas por separado como para que alguien intente dominarlas todas. Si eres guionista, céntrate en aprender a escribir bien, que sólo con eso ya tienes trabajo para toda una vida. Pero comprender la dificultad de cada una de estas tareas y conocer de cerca a la gente que las desempeña enriquece mucho.
En mi empeño por conseguirlo, me he visto en medio de muchos rodajes manejando pértigas, llevando cosas pesadas de aquí para allá, preparando el catering, tomando notas de script, dirigiendo extras, dándole a la claqueta, hasta actuando, fíjate tú. Pero mi última traumática experiencia ha sido la de jefe de producción.
Había oído rumores de que eso de conseguir cosas era complicado, y yo me lo creía, pero esperaba que exageraran un poco…
Cuando asumí que iba a llevar la producción del corto “Què és un Guitar Hero?”, lo primero que hice fue empezar a pensar en el equipo humano que iba a necesitar. Por suerte, esa fue la parte fácil. Conseguí engañar a Óscar Bernàcer para que lo dirigiese, a Ramón Mascarós para que operase la cámara, a Juanjo Company para que iluminase, a Paco Tena para que sonorizase, a Ignacio Díaz para que hiciese las veces de Script, a Sarah Sanchis para que se encargase del vestuario, a Rosa Montolio para que maquillase, a Laura Giménez y Guadalupe Sáez para que se encargasen de la producción y a Javier Gallego para el montaje.
A los actores, Pep Sellés y Raul Julve, no los engañé. Sencillamente les envié el guión y crucé los dedos. Por suerte, ambos aceptaron colaborar con nosotros, por lo que pudimos trabajar con dos grandes profesionales que además encajaban a la perfección con los personajes. Para encontrar a Jaume Nieto tuvimos que organizar un casting y no fue fácil decidirse, la verdad. El nivel de los candidatos era alto. Pero ahora estoy seguro de que acertamos. Jaume lo hizo genial en el rodaje.
El problema vino después, cuando leí mi propio guión desde la perspectiva del productor, anotando en un papelito las cosas que iba a necesitar. No reproduciré la lista completa para no aburriros, pero os aseguro que maldije al cabrón que había escrito aquello. Aquí tenéis el TOP THREE de las exigencias del señorito: Una azotea o terraza comunitaria, una tienda de videojuegos y una planta de marihuana.
No parece gran cosa ¿no? No dice nada de helicópteros ni de huracanes. Pues no os dejéis engañar. Si hay algo que he aprendido en este proyecto es que encontrar una buena localización es algo complicadísimo. Necesitábamos dos y ninguna de ellas iba a ponérmelo fácil.
La primera, la terraza.
Supongo que, de haber contado con un presupuesto holgado, lo lógico habría sido elegir qué vistas queríamos para nuestra terraza y luego tantear los diferentes edificios que pudiesen ofrecerla para ver si las condiciones de sus azoteas encajaban con lo que necesitábamos y después hablar con la comunidad de vecinos para tratar de llegar a un acuerdo con ellos. Pero, careciendo de parné, el procedimiento tuvo que ser completamente distinto.
Visité todas las terrazas que tenía alguna oportunidad de conseguir porque conocía a alguien que vivía allí o porque pertenecía a algún edificio público o de alguna asociación con la que pudiese negociar. Pero finalmente, fue Carmen Valera, compañera del proyecto “Tots a una veu” del que “Què és un Guitar Hero?” forma parte, quien nos brindó la oportunidad de rodar en la terraza de la Finca Roja. Un edificio emblemático de la ciudad de Valencia. Todo un lujo.
Fotograma de “Què és un Guitar Hero?” con Pep Sellés y Raul Julve.
La segunda localización, una tienda de videojuegos.
Llegó un momento en que ya creía que no la iba a conseguir y que al final íbamos a tener que construir un decorado o convertir un videoclub en una tienda de videojuegos pero, mira tú por donde, no fue así.
Envié emails a las principales cadenas de tiendas de videojuegos que existen en España y que son unas cuantas. Sólo dos me respondieron y, de ellas, sólo Game llegó a concederme el permiso de rodaje. Eso sí, entre el primer email y el permiso definitivo pasó más de un mes y un amago de cólico. Pero la verdad es que no tengo más que agradecimiento tanto para el responsable que decidió ceder su espacio para nuestro rodaje, como para los dependientes que nos atendieron personalmente en la tienda las tres horas que estuvimos trabajando en su local.
Fotograma de “Què és un Guitar Hero?”  con Jaume Nieto.
Una vez conseguidas las dos localizaciones, pensaba que esto ya estaba hecho. Pero qué va… me faltaba la planta de marihuana.
La verdad es que nunca me preocupó demasiado lo de la planta. Siendo guionista, daba por supuesto que entre mis amigos habría más de un fumeta con aptitudes para la jardinería dispuesto a prestarme una plantita unas cuantas horas. Pues no. Cuando hice el primer sondeo, resultó que no había ninguna disponible.
Tuve la precaución de plantar yo mismo una planta (de crecimiento rápido) con todo el tiempo de antelación que pude. Pero, al ver que aquello no iba a crecer lo suficiente a tiempo, empezaron a entrarme los sudores fríos. ¿Dónde narices consigo ahora una planta de marihuana?
Hice un segundo sondeo más en profundidad, pero nada. Por cierto, aprovecho para denunciar como falso el mito de que los guionistas son unos fumetas. Al menos los que yo conozco juran que no lo son. Y más les vale que así sea, porque como algún día vaya a vuestra casa y descubra lo contrario… ¡¡me las pagaréis!!
Llegados a este punto, inicié una búsqueda exhaustiva. Empecé llamando a todas las Grow Shop que encontré, pero nada. Hablando con ellos descubrí que la venta e incluso el transporte de plantas de marihuana está prohibido. De hecho, estoy seguro de que más de uno se pensó que era un policía secreta tendiéndole una emboscada. Lo único que conseguí fue algo de información que me permitió seguir tirando del hilo.
Llamé a un banco de semillas de plantas de marihuana. Si hay semillas, habrá plantas, pensé yo. Pero lo que allí me explicaron fue todavía más extraño. Resulta que a ellos se les permite la venta de semillas, pero el objetivo de dicha copra ha de ser siempre el coleccionismo, las semillas no deben usarse en ningún caso para plantarlas. A esto lo llaman un agujero legal en la legislación. Yo lo llamo GILIPOLLEZ.
La cuestión es que allí tampoco hicieron mucho por ayudarme, excepto informarme de que algunas plantas de la familia del cáñamo, sin ser ilegales, se parecen muchísimo a la marihuana y podría dar el pego perfectamente en pantalla.
Así que el siguiente paso fue llamar a los viveros. Hablando con ellos descubrí que las plantas de cáñamo se usan como alimento para aves, y que además del cáñamo hay otras plantas con las hojas muy similares a la marihuana, como la araldia splendens.
Muy interesante todo, casi tan interesante como caro. Así que decidí que, como segunda opción, no estaba mal tener una araldia en el banquillo. Eso luce mucho. Pero mejor seguir buscando.
Entonces fue cuando hice la llamada el ahorro. Descubrí que en Valencia hay una asociación de fumadores de cannabis, THC-Valencia se llaman. Les llamé, les conté mi problema y me invitaron a ir a su local.
Una vez allí, estuvimos hablando un rato. Me contaron que, entre otras cosas, de vez en cuando organizaban proyecciones de cortos que tuviesen que ver con la marihuana. Casualmente, hacía unos años yo había participado en el rodaje de uno con esa temática y les hablé de él. “El bálsamo de María” se llamaba. De mi buen amigo Javier Carrillo.
Ese día me dijeron que lo hablarían con los socios a ver si alguno se animaba y me prestaba una planta. No salí de allí muy convencido, la verdad. Pero al día siguiente me dijeron que habían visto el corto, que les había gustado y que podía contar con una planta, ellos se encargaban de conseguírmela. Y cumplieron, ya lo creo que cumplieron. Me pusieron en contacto con una de sus socias que me dejó una planta de marihuana preciosa, con la medida justa y en flor.
Al final lo conseguí todo a tiempo. Pero me costó lo mío. A estas batallitas hay que sumarle todo el trabajo que conlleva coordinar equipos, convocar reuniones, organizar ensayos… vamos, que lo me lo he pasado teta.
He aprendido mucho, eso sí. Ahora conozco de primera mano el trabajo que supone solucionar cada uno de los problemas de producción, sé medir mejor las consecuencias de todo lo que escribo y eso me ayudará la próxima vez que necesite ajustar el guión a las necesidades de la producción.
Bueno, y también he aprendido otra cosa muy importante. He memorizado una frase que diré sin pestañear si alguien vuelve a preguntarme alguna vez quien se encarga de la producción. Diré: Produce tú que a mí me da la risa.

19 oct 2012

Tots a una veu


“Nos van a mandar a la mierda, ya verás.” Eso fue lo que le dije a Guada Sáez media hora antes de que empezase la primera reunión.
Habíamos convocado a un grupo de diez amigos guionistas que acudieron sin saber gran cosa. La única información que tenían era un breve mensaje incluido en un grupo privado de facebook llamado “¿Hacemos un largo?” que habíamos creado una semana antes.
La idea era aparentemente simple: Rodar un largometraje compuesto por diez cortometrajes distintos con un tema común, la situación actual de la Comunidad Valenciana. Y hacerlo ya, antes de que acabase el año.
El factor tiempo era importante. No íbamos a invertir ni un sólo día en intentar conseguir ninguna subvención, no haríamos ninguna campaña de crowdfunding y tampoco invertiríamos ni un solo segundo en pensar el modo de conseguir un patrocinador ni nada parecido. Esto, o lo hacíamos ahora con los medios de los que ya disponíamos, o no lo hacíamos.
“Ya verás como no”. Me respondió Guada media hora antes de que empezase la reunión. Y al final resultó que tenía razón.
La gente reaccionó muy positivamente y para cuando quise darme cuenta ya estábamos fijando una fecha límite de entrega de la primera versión de los guiones.
Fue entonces cuando jugamos nuestro as en la manga. Escribir era una cosa, pero empezar a rodar era otra completamente distinta. Por eso, contar con un equipo técnico estable dispuesto a rodar las historias de todos aquellos que no contasen con su propio equipo fue fundamental. Paco Barreda y Nuria Cardona habían asumido ese reto antes incluso de la primera reunión con los guionistas y estoy seguro de que si este proyecto está saliendo adelante es, en gran parte, gracias a ellos.
En este tiempo ha habido bajas y altas. Por razones varias, hubo quien tuvo que abandonar el proyecto, pero también hubo quien nos pidió subirse al tren en marcha, por lo que el número de historias siempre ha permanecido estable. Además, el número de personas implicadas de algún modo u otro no para de crecer. A día de hoy, esta es la lista de guionistas implicados en el proyecto: Ignacio Díaz, Juan Antonio Cerezuela, Mertxe Aguilar, Óscar González, Carmen Valera, Néstor Vilar, Paco Barreda, Josep Vicent Miralles, Mar Solana, Guadalupe Sáez y un servidor.
Y poco más hay que contar. La primera reunión fue el 27 abril de 2012 y el primer rodaje el 10 de agosto. Según el calendario que hemos fijado, y que hasta el momento estamos cumpliendo a rajatabla, a principios de noviembre ya lo tendremos todo rodado y podremos estrenar a principios del año que viene. Si todo va bien, no habrá pasado ni un año desde que se nos ocurrió la idea hasta su estreno.
A continuación, si me permitís, responderé a una serie de preguntas que sé que rondan en las cabezas de muchos:
Has dicho que los historias tratan la situación actual de la Comunidad Valenciana ¿vais a dar caña o qué?
Estoy seguro de que más de uno se sentirá ofendido con alguna de las historias. Hay mucho tonto susceptible suelto que, en el fondo, se siente culpable y no soporta descubrir que otros nos hemos dado cuenta de la clase de persona que es. Pero eso, aunque no es nuestro objetivo, resulta inevitable.
El hecho de que no dependíamos económicamente de nadie, nos permitía hacer y decir lo que nos diese la gana. Pero desde el primer momento tuvimos claro que no queríamos hacer nada panfletario, ni reivindicativo, ni acusica, ni triste. Sencillamente, cada uno de nosotros eligió un tema y escribió un guión. El resultado es una serie de historias de estilos y enfoques completamente distintos pero con algo en común, todas se dejan ver con una sonrisa en la cara.
¿Cuál es el objetivo? ¿Qué pretendéis con esto?
Tal y como están las cosas por aquí, ya daba por supuesto que este verano iba a pasar sin pena ni gloria profesionalmente hablando para mí. En cambio, acabaré 2012 habiendo participado en el rodaje de un largometraje. Sólo por eso a mí ya me merece la pena.
Pero hay más motivos. El objetivo de este proyecto no es otro que llegar al mayor número de gente posible y tratar de hacerles reflexionar sobre todo lo que está pasando. Nosotros trabajamos con las imágenes, eso es lo que sabemos hacer, y sólo estamos usando lo que sabemos hacer para lanzar nuestra opinión.
Puede que el sector cultural en la Comunidad Valenciana esté tocado de muerte. Pero yo sigo vivo y no me da la gana estarme calladito.
Si estáis dispuestos a trabajar gratis ¿por qué os ponéis tan pesados luego para que os paguen?
Perdona, esto no es trabajar. Cuando un futbolista profesional echa una pachanguita en verano con sus colegas del pueblo, no está trabajando. Cuando un actor porno echa un polvete mañanero sin que ninguna cámara lo grabe, no está trabajando. Pues nosotros lo mismo. Esto es una pachanguita con los colegas, lo que pasa es que hay gente tan buena en el campo y nos lo hemos tomado tan en serio, que estamos dando espectáculo.
¿Por qué vais por ahí fardando de que esta es una producción de coste cero?
No hemos fardado de nada, lo que ocurre es que, por alguna extraña razón, eso de que estamos consiguiendo levantar el proyecto sin disponer de ningún presupuesto parece llamar mucho la atención. Pero no es algo de lo que estemos orgullosos. Ojalá cuando concebimos la idea hubiésemos visto claro que el mejor modo de financiarla era de este o de aquel otro modo, pero sabíamos que algo así lo iba a tener muy complicado y que si lo intentábamos, esta parte del proceso se eternizaría poniendo en peligro las ganas y el empuje inicial. Simplemente decidimos saltarnos esta parte y asumir los handicaps que ello iba a suponer.
Por supuesto, hemos tenido que invertir algo de dinero. El catering de cada rodaje, por ejemplo, lo asume el responsable de cada cortometraje. Y si hay que comprar algún objeto de attrezzo o algo de vestuario también. Pero más allá de eso no está habiendo muchos más gastos porque cada una de las personas que ha decidido participar en este proyecto lo ha hecho sabiendo cuales eran las condiciones y desde el primer momento están haciendo todo lo posible para abaratar costes, aportando gratuitamente todo el material técnico del que disponen y su propio trabajo.
Podría decirse que “Tots a una veu” es un proyecto personal de medio centenar de personas.
Además, cuando el proyecto empezó a ser conocido (se ha hablado del proyecto aquíaquíaquíaquíaquíaquí y aquí), nos encontramos con que gente que todavía no estaba vinculada al proyecto se ponía en contacto con nosotros para ofrecernos su colaboración y sus equipos. Por poner un ejemplo, han llegado a ofrecernos una cámara subacuática con operador incluido.
Teniendo todo esto en cuenta, para hablar con propiedad lo que deberíamos decir no es que esta es una producción de coste cero. En realidad nos estamos gastando una millonada. Si considerásemos que cada una de las personas que participan en el proyecto es un productor que ha asumido los costes de su propio sueldo y el importe del alquiler de materiales y calculásemos esos gastos según el valor actual del mercado… el presupuesto estaría muy lejos de ser cero.
Yo he sido el primer sorprendido con todo esto. La envergadura y el nivel de implicación que está consiguiendo este proyecto ha superado con creces mis expectativas.
De verdad que no entiendo cómo habiendo tal cantidad de profesionales de primer nivel con ganas de trabajar, el sector audiovisual de esta comunidad está como está. Supongo que incluso el mejor equipo humano mal dirigido se la acaba pegando. Y nos la hemos pegado, de eso no hay duda. Pero si ya hemos tocado fondo, empecemos a levantarnos. Deshagámonos de bultos extraños y empecemos a andar.
Estoy seguro de que este proyecto es un pequeño paso en la dirección correcta.

1 jun 2011

El corto (5ª Parte): El rodaje

Hay ciertas cosas en la vida que uno sólo es capaz de hacer si no las piensa demasiado. Hacer puenting, pedirle el matrimonio a alguien o rodar tu primer corto como actor, son buenos ejemplos de ello.
Que nadie me malinterprete, normalmente todas estas cosas se hacen después de tomar una decisión basada de alguna forma incompresible en la razón. Nadie te obliga. Pero para hacerlas, es necesario cierto grado de inconsciencia. Y es así porque incluso antes de hacerlas ya sabes que te vas a encontrar con momentos difíciles en los que probablemente te arrepientas con todas tus fuerzas.
Cuando tus pies se separan de la barandilla sientes esa sensación de vacío que supone la recompensa y el castigo al mismo tiempo por haberte atrevido. Sensación muy similar, supongo, a la que debe sentirse al notar el frío del metal del anillo en el dedo anular. Pero para mi sorpresa, no sentí lo mismo al escuchar el grito de acción en la primera toma.
Antes del rodaje tenía una buena colección de miedos. Me preparé como buenamente pude para que ninguno de ellos me afectase en el rodaje. Pero aún así temía ponerme nervioso, olvidar el texto, no conseguir conectar con mis compañeros de reparto, notar que mi interpretación no convencía a nadie... Si alguna de esta pequeña colección de desastres sucedía en la primera toma, sabría que me había equivocado, que no debería estar ahí y que tenía por delante tres días muy largos.
Pero no pasó nada de eso. Al contrario, el primer día de rodaje disfruté mucho.
Me sentí muy cómodo tanto con el equipo como con Pau Gregori y Miguel Barberá, los actores. Lo de Pau era de esperar, somos amigos desde hace años y sabía que me ayudaría en todo lo que pudiese. Pero a Miguel lo había conocido hacía muy poco y temía la relación que pudiese surgir entre nosotros. Por suerte, este miedo desapareció de inmediato. No sólo me cayó bien, sino que además trató de facilitarme las cosas en todo momento y me resultó muy fácil trabajar con él.
Para mi sorpresa, todo el mundo me trataba como a un actor, y yo empecé a sentirme como tal.
La primera noche me fui a dormir contento por cómo había ido todo y por el buen resultado de algunas secuencias complicadas que grabamos ese primer día.
El segundo día empezó con la misma dinámica. Yo estaba cómodo, me estaba divirtiendo y además alguna de las secuencias aparentemente más difíciles de rodar, como una en la que un conejo vivo tenía cierto protagonismo (ahí es nada...), estaban saliendo bien y en hora.
Pero una nube se cernía sobre mí, acechando sin que yo lo supiese, y estaba a punto de romper esta buena racha.
Al final de la tarde sólo nos quedaba por rodar la última secuencia del día, pero era un exterior-noche, por lo que tuvimos que esperar a que anocheciese y el equipo aprovechó para cenar y descansar un poco.
Después de cenar me senté un rato en una silla cerca del fuego y empecé a notar que se me cerraban los ojos. No me lo podía permitir, estábamos a punto de rodar lo que serían los últimos segundos del corto y en esta secuencia el peso recaía sobre mí. Sólo había una frase, era mi personaje el que la pronunciaba y se suponía que tenía que ser algo impactante... por lo que más me valía activarme un poco.
Había imaginado miles de veces este plano final en mi cabeza y me encantaba. Pero por alguna razón, esta secuencia me parecía más difícil de interpretar que las demás. Era extraño porque no había tenido este problema en ningún momento, pero esa secuencia era especial por toda una serie de razones (razones que no puedo explicar ahora mismo sin destripar el corto...) y por primera vez en todo el rodaje sentía que no tenía una opinión propia clara sobre cómo debería interpretar ese momento.
El equipo terminó la sobremesa y empezó a montar la iluminación y el travelling en el exterior. Yo aproveché el momento para comentar con Virginia, la codirectora del corto, mis dudas. Intercambiamos impresiones y decidimos probar con algo concreto. No era la primera vez que hablábamos de esta secuencia, ni mucho menos. Pero en ese momento era distinto por una sencilla razón: En unos minutos estaríamos rodando la primera toma (o eso creíamos).
Entre tanto, salí de la casa para dar un pequeño paseo por los alrededores. Elegí el emplazamiento perfecto atendiendo a razones como la inclinación del terreno y la dirección del viento, miré al horizonte y mientras regaba la mata de romero más próxima, vi la nube (que no era sólo simbólica, sino también muy real). Todavía no había anochecido del todo y pude ver que unos nubarrones enormes estaban entrando en el valle. No me gustó nada lo que vi.
Conozco el terreno lo suficiente como para saber, ya en ese momento, que muy probablemente aquello iba a descargarnos encima. No me equivoqué mucho...
A los pocos minutos, cuando todo estaba ya prácticamente listo para rodar, empezaron a caer las primeras gotas y todo el mundo tuvo que correr de un lado a otro recogiendo el material. Nos refugiamos en la casa e hicimos lo único que podíamos hacer, mirar como llovía. El día iba a alargarse un poco...
De repente, la lluvia paró. Decidimos volver a montar y cruzamos los dedos para que no lloviese más. Pero no fue así. Justo cuando ya estaba otra vez todo listo, el cielo se abrió y empezó a llover mucho más fuerte que antes.
Todos empezamos a dar por supuesto que iba a ser imposible rodar esa secuencia esa noche y los ánimos empezaban a caer cuando de repente Dani, ayudante de dirección, tuvo una buena idea: Con algunas modificaciones podíamos convertir esa secuencia en un interior. A todo el mundo le pareció bien, así que el baile empezó de nuevo.
Mientras volvían a montar el travelling en el interior de la casa, Virginia, Pau, Miguel y yo, nos reunimos para hablar de cómo iba a quedar la secuencia. A Pau y Miguel el cambio no iba a afectarles demasiado, pero yo pasaba de decir mi frase andando mientras salía de la casa, a decirla totalmente quieto plantado al lado de la chimenea.
Ensayamos cómo iba a quedar la cosa: Ellos simularían entrar corriendo y se quedarían parados a pocos metros de mí. Y mientras el travelling avanzara entre ellos buscando un primer plano de mi cara, yo miraría a uno, miraría al otro y diría la frase. Eso era todo.
Parecía sencillo, pero ya en los ensayos notamos que algo fallaba. Es difícil de explicar, pero supongo que tuvo algo que ver con los estados de ánimo. Todos estábamos cansados, la lluvia lo había retrasado todo y además nos había obligado a cambiar los planes. Rodar en interior era una buena solución, pero no lo que queríamos hacer. Y además de todo esto yo no estaba como tenía que estar. Me faltaba confianza, no sabía cómo rodar esa secuencia y todos lo notaban.
Miguel y Pau trataron de ayudarme, me daban consejos para que me soltase, para que lanzase la frase de formas distintas y tratase de encontrar la correcta. Hablamos del contenido, de lo que significaba, de lo que sentía mi personaje en ese momento... hablamos y hablamos, tal vez demasiado. Creo que hubo un momento en que más o menos lo tuve, pero no paramos a tiempo o realmente nunca lo tuve porque al terminar, me sentía igual que al principio.
Cuando empezamos a rodar, las primeras tomas no gustaron a nadie, ni mucho menos a mí. No sé cuántas hicimos, pero bastantes. Yo intenté hacerme con la situación, notaba que estaba perdiendo la confianza que me había ganado en esos dos días de rodaje en los que todo había ido bien, pero no sabía cómo reconducir aquello.
Virginia, tratando de ayudarme, paró el rodaje. Me dijo que teníamos que cambiar la frase, que tal vez diciendo alguna otra cosa conseguiría desbloquearme. Decidimos la nueva frase y volvimos a rodar algunas tomas más. Fue algo mejor... pero no bien. Lo más positivo que se dijo cuando decidimos que ya habíamos rodado la última toma fue que de entre todas las que teníamos seguramente alguna valdría...
Evidentemente para mi fue bastante duro. Me había sorprendido a mí mismo durante el primer día de rodaje. No hubo que repetir por mí prácticamente ni una vez, recordaba el texto al dedillo y además me sentía bastante cómodo rodando secuencias complicadas desde el punto de vista interpretativo. Pero esa noche todo fue distinto.
Fue entonces cuando sentí esa sensación de la que os hablaba al principio. Sentí los pies despegarse de la barandilla y la sensación de vacío.
Me preguntaba cómo habría solucionado esa situación un actor profesional, Miguel o Pau por ejemplo. Yendo a la casa donde dormíamos lo comentamos en el coche, pero no hablamos del tema objetivamente. Ellos trataban de animarme diciendo que todo el mundo estaba muy cansado, que el parón para esperar a que anocheciese nos había aplatanado un poco a todos y que encima el problema de la lluvia había provocado que ya empezásemos a rodar con poca confianza. No era culpa mía, o al menos no exclusivamente.
Pero a mí me sigue rondando esa duda en la cabeza. ¿Era posible reconducir la situación? Soy consciente de que decir esto es tirar piedras sobre mi tejado, pero personalmente creo que sí. Un actor con experiencia y confianza en sí mismo, habría afrontado ese momento de otro modo y seguramente habría conseguido distanciarse del estado de ánimo reinante y defender su interpretación al 100%. No era fácil, desde luego, pero asumo que donde yo fracasé otros podrían haber triunfado.
A la mañana siguiente noté la tensión de nuevo. No lo hablamos, pero supongo que más de uno se preguntaba si el problema de la noche anterior me habría afectado o si sería capaz de empezar el día con otro ánimo y rodar todas las secuencias que teníamos planificadas con la misma confianza de los días anteriores. Yo mismo sentía que tenía que superar una prueba.
Cuando dimos por bueno el primer plano del día a la segunda o tercera toma, se disiparon todas las dudas. Lo de la noche anterior había sido algo puntual y yo no iba a permitir que me afectase.
Rodamos a buen ritmo toda la mañana y a medido día Virginia me propuso algo. Había amanecido muy nublado, pero a lo largo de la mañana se había despejado y parecía que esa noche, aunque no estaba planificado, íbamos a poder rodar en exteriores sin problemas.
¿Rodamos la secuencia tal y cómo la escribiste? Por supuesto, dije que sí.
Esa noche todo fue distinto. Rodamos la secuencia original y todos quedamos contentos. Nunca habrá que elegir una toma de entre todas las que se rodaron aquella fatídica noche del segundo día de rodaje.
Han pasado más de dos semanas desde aquel fin de semana y, con el tiempo, me he dado cuenta de que fue mejor así. Sin aquella noche la experiencia no hubiese sido completa.

Yo me tomé este rodaje como un aprendizaje y seguramente aprendí más rodando esa secuencia que todas las demás. Lo pasé mal durante esas horas, mentiría si dijese lo contrario, pero si no hubiese sucedido, ahora tendría una sensación equivocada respecto de cómo es realmente el trabajo del actor profesional.
Gracias a esa secuencia maldita hoy tengo un respeto mucho mayor por la profesión del actor. He experimentado en carne propia qué se siente cuando se da la acción y uno se encuentra en el otro lado, en el lado hacia el que mira la cámara. La responsabilidad, los nervios, las sensaciones...
Me sentí uno de ellos durante esos tres días. Mejor dicho, el equipo y mis dos compañeros de reparto me hicieron sentir actor. Nunca podré agradecerles lo suficiente su apoyo y el respeto con el que se tomaron mi trabajo.
Todavía falta bastante para que podamos ver el resultado final. Pero la sensación con la que nos quedamos todos es que habíamos hecho algo grande.
De lo que sí estoy seguro es de que no olvidaré nunca este rodaje y de que no me arrepiento de haber tomado aquella decisión. Volvería a hacerlo.  

11 may 2011

El corto (4ª Parte): El reto

Pasado mañana es el primer día de rodaje. Y, salvo debacle nuclear, tres días después tendremos el corto enlatado.
Es una producción pequeña no, lo siguiente. Sin subvenciones ni ninguna productora implicada. Entre todos hemos tenido que preparar los mil y un detalles necesarios para poder llevar a cabo el proyecto y a estas horas parece que ya lo tenemos todo.
Llevo una semana enganchado a los partes meteorológicos que un día pronostican lluvia y al siguiente sol radiante. He tenido que abortar, pidiéndolo por favor, una acampada de quince niños con sus respectivos monitores, de la que me enteré por casualidad, en la casa que será nuestra localización. Inexplicablemente nadie les había dicho que íbamos a estar allí nosotros grabando este fin de semana. Y, por si fuera poco, la casa en la que va a dormir todo el equipo, ha sido invadida por los pintores a los que el dueño de la misma llevaba esperando más de un mes. Así que hemos perdido una planta y tendremos que arreglárnoslas para dormir todos en la planta de abajo...
Pero todo saldrá bien. No es un deseo, es un mantra que repito en mi cabeza una y otra vez tratando de convencerme a mí mismo. Necesito creerlo porque desde ¡ya! he de empezar a olvidar toda esta parte del proceso y centrarme en mi verdadera función en el rodaje.
Después de escribir el guión, cuando decidimos rodarlo, di por supuesto que participaría de alguna forma en el rodaje. Pero siempre me imaginé como ayudante de producción, script o ayudante de dirección, los tres cargos en los que ya tengo experiencia previa en otros rodajes. Hasta que un buen día, hablando sobre posibles actores, Virginia, la codirectora del corto, me lanzó el guante: ¿Te atreverías a hacer tú de David?
Jose, Pau y David son los nombres de los personajes. Jose es algo así como el cabecilla, el líder de este pequeño grupo de amigos y también el más inconsciente. Le encanta ser el que manda y aprovecha todas las ocasiones que puede para demostrar que es así. Por otro lado, está Pau, un tipo inseguro que opta por seguir a Jose en todo lo que haga con tal de obtener su apoyo. Antes de decidir qué va a hacer, siempre esperará a ver qué hace Jose. Y por último David, el más sensato de los tres. En realidad no pega mucho con los otros dos. Les soporta porque son sus amigos de toda la vida, pero ya tiene poco que ver con ellos. Cuando a Jose se le ocurre alguna tontería, es él quien trata de pararle los pies, pero nunca sirve de mucho y además, por este mismo motivo, tiene que soportar sus burlas. En definitiva, se trata de tres jóvenes que rondan los treinta, pero que se siguen comportando como chavales de instituto. Muy a pesar de David, al que le gustaría tener una relación más adulta con sus amigos.
Desde el principio, cuando imaginé el personaje de Pau, veía a mi amigo Pau Gregori encarnándolo. De hecho bauticé al personaje con este nombre por este motivo. Sabía que él le daría al personaje los matices que necesitaba. Una risa nerviosa en determinada secuencia, una mirada de reojo a Jose en esta otra y una presencia de buena persona llevada por el mal camino en todo el corto. Le ofrecimos el papel y aceptó.
Al personaje de Jose no le ponía cara. Bueno, en realidad sí, pero no la de un actor. Este personaje me recuerda a un viejo amigo mío y mientras escribía recordaba distintas situaciones que viví con él. A la hora de elegir actor pensamos que necesitábamos a alguien que impusiese físicamente. Un tipo al que no fuese fácil decir que no. Pronto se propuso a Miquel Barberà y todos estuvimos de acuerdo. Nos pusimos en contacto con él, le mandamos el guión y nos dijo que sí.
Respecto a David, siempre decía que era el más “normal” de los tres. El personaje con el que la mayor parte del público se identificaría porque era el único que reaccionaba de una forma más precavida ante todo lo que les ocurre.
Sin desvelar mucho sobre la historia, diré que es algo así como un Cuento asombroso o una Historia para no dormir. Partiendo de una idea sencilla del tipo: “¿Qué pasaría si...?” un elemento completamente ajeno a la realidad del día a día se cuela en la historia y los personajes sencillamente se dejan llevar tratando de averiguar hasta dónde llega ese camino.
Pues bien, David reacciona más o menos como cualquiera de nosotros reaccionaría. Tiene miedo y tiende a ser precavido. Si todos los personajes de las historias fuesen así, Indiana Jones nunca habría entrado en el Templo Maldito y Neo jamás se hubiese tragado la pastilla roja. Jose y Pau son los Indiana y Neo de esta historia. Y David es lo más parecido a una persona normal empujada a participar en una historia de ciencia ficción contra su voluntad.
Escribiendo, cuando tenía que decidir qué iba a hacer o a decir David, siempre me hacía la misma pregunta: ¿Qué haría yo en esta situación?
Y mira tú por donde, Virginia me estaba dando la oportunidad de ser David. Mi primera reacción fue propia del personaje: Miedo y prudencia.
Yo no soy actor y aunque he hecho algunas cosas delante de las cámaras, no me considero alguien preparado ni especialmente dotado para la interpretación. Además, quiero que esto salga bien y poner a un novato a hacer el trabajo de un actor no es la mejor idea para conseguirlo. Vale que se supone que el personaje es prácticamente como yo en un mal día y hacer de mí mismo es fácil, lo hago todos los días, pero... ¿delante de las cámaras? No es lo mismo, definitivamente NO.
Pero me apetecía... mentiría si dijese lo contrario. No creo que tenga muchas oportunidades más de vivir un rodaje desde el punto de vista del actor y mucho menos interpretando a un personaje tan a mi medida. Virginia y Javi me lo estaban proponiendo en serio. De hecho, juraría que creen sinceramente que voy a hacelo bien. Es más ¡yo mismo me lo creí!
Así que llegamos a un acuerdo: Me estudiaría el guión y cuando fuésemos a la localización a hacer una serie de cosas, me harían una especie de casting.
Así fue como me vi a mí mismo leyendo el guión del corto como un actor, es decir, leyendo sólo lo que dice mi personaje...
Tampoco habla tanto... pensaba. Y esto... esto creo que lo haría bien. A ver delante del espejo...
He estudiado, memorizado, interiorizado, ensayado sólo y acompañado, leído y releído el plan de rodaje para aprenderme también en qué orden vamos a rodar cada secuencia. En definitiva, he tratado de prepararme.
El día de la prueba Pau también vino a la localización, alguien hizo de Jose, yo hice de David y grabamos algunos planos especialmente complicados que Javi quería probar. No fue un casting real, pero pude experimentar sensaciones parecidas a las del rodaje y nadie salió corriendo.
Al final se decidió que sí, que iba a hacerlo. Esperaba que alguien me dijese: Era una broma chaval ¿te lo habías creído? Pero, o me están gastando la broma pesada más elaborada de la historia, o grabamos pasado mañana y yo seré David. Espero disfrutar este fin de semana. Deseadme suerte.