8 oct. 2010

Pistoleros


El sector audiovisual español es algo así como el Lejano Oeste. No hay normas. Cada vaquero porta su revolver siempre cargado y se enfrenta al mundo sólo, sin poder confiar en nadie más que en su propia puntería. Hay tiroteos al amanecer y muertes todos los días. No nos vendría nada mal algo de ley y orden por aquí...
Pero para que esto pase, alguien tendrá que imponerlo. Y no será un héroe solitario, este es un trabajo para todo un ejército de guionistas. Me estoy refiriendo a las asociaciones, claro.
A mi modo de ver, ha llegado el momento de que los guionistas se unan y luchen por solucionar sus problemas. Motivos, desde luego, no nos faltan.
Resulta inverosímil, por ejemplo, que a estas alturas todavía funcionemos con baremos de precios mínimos aconsejados, modelos de contratos tipo y rumores sobre cómo ha hecho quien? Todo en este sector es relativo, todo depende de la buena voluntad de las partes y de la habilidad de cada uno para la negociación. Y esto último a su vez depende de lo que tu dignidad, el amor por tu trabajo y tu situación económica te permitan en ese momento.
Por otra parte, la relación de los guionistas con las administraciones públicas, por sí misma, daría para un artículo. Y la mala relación con los sindicatos mayoritarios, que nos la han clavado por la espalda alguna que otra vez cuando se supone que deberían velar por nuestros intereses, daría para un par más.
Tenemos multitud de frentes abiertos y mucho que ganar en cada uno de ellos. El problema es que los guionistas llevamos tanto tiempo siendo forajidos que nos suena raro eso de enrolarse en la caballería. Pero están llamando a filas y ya va siendo hora de que nos organicemos y dejemos de hacer la guerra por nuestra cuenta.
En el I Encuentro de Guionistas que se celebró este fin de semana pasado en Valencia se vio claramente que otros modelos son posibles. Personalmente, envidio el modo en que se han organizado en Dinamarca. Allí todos los guionistas están asociados y tanto los contratos como los derechos de autor de sus socios pasan siempre por medio de la asociación. ¿En qué les beneficia esto? Para empezar, esto permite a las asociaciones tener medios económicos y contratar abogados especializados. Cuando un guionista consigue un contrato o una productora se interesa por él, este llama a la asociación y un abogado acude a la productora a negociar los pormenores. Para cualquiera que haya tenido que pelear por cambiar una cláusula en un contrato (jugándose el buen clima de trabajo posterior en ello) sabe el valor que tiene esto. Y todavía lo valorarán más aquellos que hayan tenido que sufrir las consecuencias de una mala negociación porque cedieron demasiado pronto o porque ni siquiera vieron venir los problemas que una cláusula del contrato podía generarles.
¿Pero qué ocurre si el abogado no llega a un acuerdo? Hay que tener presente que si esto ocurre es porque no conviene. El abogado no es un picapleitos que trata a la productora como si fuese una exmujer ambiciosa que estuviese intentando robarnos todos nuestros bienes. Antes de acudir a la negociación hay una reunión con el guionista y el abogado acude conociendo su situación y hasta donde está dispuesto a ceder. No es lo mismo que negocie en nombre de un guionista de renombre que en el de un chaval que está a punto de conseguir su primer trabajo.
Y si finalmente la cosa no puede ser, porque la productora no cede en algo importante que desde la asociación se ha decidido que es irrenunciable, es la productora quien tiene un problema. Porque al tratar de encontrar a otro guionista, volverá a aparecer el mismo abogado en nombre del nuevo guionista e impondrá el mismo criterio. Con este sistema, son los guionistas quienes se acaban imponiendo.
Y es que ahí está la clave. Tal vez este no sea el sistema ideal para España, pero lo importante es que encontremos el modo de imponer los criterios. Mientras sea posible que otro guionista acepte las condiciones que uno, probablemente más veterano, a considerado abusivas, habrá quien lo haga. No podemos pedir a la gente que empieza que rechace trabajos. No podemos pedir a las productoras que se ciñan a unos baremos. Este tipo de cosas hay que encontrar el modo de imponerlas. Y a mi modo de ver, la única forma es uniendo al colectivo bajo un mismo paraguas que nos represente a todos.
En España estamos todavía muy lejos de esto. Pero parece que algo se está moviendo. Las asociaciones de guionistas cada vez cuentan con más socios y además se están convirtiendo en sindicatos con el objetivo de convertirse en interlocutores válidos de cara a las instituciones y dejar de depender de los sindicatos mayoritarios.
Queda mucho por hacer. Pero lo primero es que el colectivo se dé cuenta de que el asociacionismo es un buen camino para conseguir que las condiciones laborales del sector mejoren.
Sólo cuando dejemos de ser pistoleros solitarios y decidamos formar un ejército, conseguiremos imponer la ley y el orden por aquí.