16 may. 2012

¿Quien sabe qué?


Este post fue publicado en Guionistas VLC el 2/5/2012
Cuando un guionista cuenta una historia, la información es su mercancía y ha de repartirla en dosis, igualito que si fuese el camello con la mejor droga del barrio. Hay que enganchar al público, convertirlos en adictos y que, cuando les des la última dosis, se queden con el mono.
Por eso es tan importante saber dosificar la información. El guionista es el único que sabe todo en todo momento (se supone); el resto, espectadores y personajes, irán sabiendo más o menos a medida que la historia avance y en función de cómo el guionista distribuya la mercancía.
Habrá veces que un personaje sepa más que el espectador. Otras veces, en cambio, será el espectador quien vaya por delante de algún personaje. Cada una de estas situaciones genera posibilidades distintas que el guionista debe saber explotar.
Una misma historia puede contarse de muchas formas distintas y hay veces que el modo en que se cuenta es tan importante como la propia historia.
Como espectador, tratar de adivinar qué va a pasar cuando todavía no se tiene toda la información necesaria como para saberlo, forma parte de la experiencia que supone ver una película.
Como guionistas, estamos obligados a saber jugar con los elementos con los que contemos en cada historia para que el espectador pueda divertirse por el camino antes de llegar a saberlo todo.
Personalmente me encantan las películas en las que el guionista consigue que el final te sorprenda a pesar de que te ha estado dando pistas durante toda la película. No lo has visto venir, pero al final todo encaja. Sirva Seven como el mejor de los ejemplos.
Hace unos días que me ronda por la cabeza una historia. Bueno, en realidad no una historia entera, más bien sólo un final. Un buen final que me obligaba a preguntarme una y otra vez qué historia podría construirse para que encajase con ese último giro.
No estaba seguro de si la había leído, oído o visto, pero estaba casi seguro que tenía algo que ver con Josep Vicent Miralles, un amigo guionista. Coincidí hace poco con él y aproveché para preguntárselo. Resultó ser un cuento que él ha escrito y que, por lo visto, debió contarme hace años porque nunca lo ha publicado. Le pedí permiso para usar la idea para un post y le pareció bien. Hasta me ha enviado el cuento (gracias Mir). Pero todavía no lo he leído porque no quería condicionarme, lo divertido era intentarlo por mí mismo. Tenía el final de una historia por construir y una idea un poco loca para un post. Ni más ni menos que contar la historia no como debería ser contada, sino como una conversación entre guionistas durante el proceso de escritura de un guión.
A ver qué sale.
-Lo primero que tenemos que hacer es presentar a los personajes.
Exacto, dejar claro que son ricos y excéntricos e inventar alguna secuencia que evidencie que su relación no funciona del todo bien.
-Para eso podríamos arrancar la historia en la cena de su veinticuatro aniversario de bodas, que es cuando arranca todo. Pero no sé por qué, a mí me pide que los conozcamos de jóvenes. Dejar que el espectador vea cómo se conocieron. Ya sé que esto nos obligará a hacer un flashforward en guión con uno de esos rótulos horribles de “24 años después” y, además, exigirá caracterización en el rodaje. Pero qué narices, ya nos lo tumbará el productor. Empezamos el día que se conocen.
Vale, entonces él es un empresario rico que quiere hacer una campaña de publicidad para lanzar un nuevo producto y ella la representante de la agencia de publicidad que ha ganado el concurso de agencias y que llega con una propuesta agresiva.
-Habrá que decidir de qué es la empresa, cual es el puñetero nuevo producto y en qué consiste la campaña publicitaria…
Qué pereza.
-Ya lo haremos luego, lo importante es usar todo eso para que quede claro lo de que son ricos y que les va la marcha.
Exacto.
-Y que se note la tensión sexual entre ellos nada más empezar. Que parezca que se van a liar varias veces pero que no pase nada.
Y entonces es cuando él recibe la carta.
-Un papel con una dirección y una hora.
Mola.
-Él acude al sitio y se encuentra con que la puerta está abierta pero parece que no hay nadie en la casa. Entra, curiosea y de repente le dan un susto de muerte.
Es ella, claro, y ahora sí se enrollan.
-Por todo lo alto.
¿Crees que esto es una película para todos los públicos?
-Ni de coña.
Pues entonces especificamos un poco en acotaciones lo de las posturas y tal.
-Eres un salido.
No hombre, es importante que el espectador capte que ese polvo marcará la relación entre los personajes.
-Que sí, que sí, pero eres un salido.
¿Ahora es cuando vamos al flashforward?
-A ver, igual no hace falta. Lo de que sea un matrimonio que lleva muchos años casados funciona bien, pero igual podemos justificarlo sin que haya pasado tanto tiempo.
Mira, hacemos una cosa. Después del polvo encima del piano…
-¿Encima de un piano?
Sí.
-Estás fatal.
Cállate ya. Del piano pasamos a la mesa del despacho de él y que allí se vea una foto de su día de bodas. En plan mensaje sutil.
-Ui sí, supersutil.
Joder, ¿tienes algo mejor?
-No nos vamos a parar en eso ahora. Lo que quieres decir es que damos un paso adelante en el tiempo sin llegar a decir cuanto tiempo ha pasado exactamente.
Más o menos.
-Vale, me perece bien.
El problema ahora es decidir si explicamos de alguna forma cómo la relación se deteriora o directamente dejamos entrever que las cosas entre ellos no van bien.
-Ni una cosa ni la otra. Yo apostaría por verles haciendo algo juntos, algo que refleje que están intentando volver a sentir lo que sintieron aquella primera noche sin conseguirlo.
Tengo una idea.
-Ilumíname.
¿Y si ella le prepara a él una sorpresa por su aniversario de boda?
-¿Otra sorpresa?
Han pasado años de la primera.
-Sí, pero para el espectador a penas han pasado unos minutos.
Bueno, da igual. Puede que con que busquemos un diálogo en que los dos recuerden aquella primera noche con nostalgia sea suficiente.
-Mejor que sea un reproche. Que ella le diga a él que desde la noche del piano que no le echa un polvo como es debido.
Y entonces discuten a lo bruto y acaban follando.
-De verdad, macho, estás fatal.
A ver, estos dos están zumbados. Eso tenemos que dejárselo claro al espectador o no se creerán el final. Así que verles aparearse cabreados como leones puede definir muy bien el rollo que llevan.
-Era coña, me gusta lo de que una discusión les una. La violencia ha de estar presente entre ellos.
Lo sabía, tú estás peor que yo. ¿Y de eso cómo pasamos a lo de que ella vaya a contratar los servicios del búlgaro?
-Yo pondría primero a él reuniéndose con la profesional.
¿Por?
-Porque así el espectador pensará que él le está poniendo los cuernos a su mujer con la profesional y, cuando ella se cite con el búlgaro para pedirle que mate a alguien, todo el mundo pensará que ella lo sabe y que el objetivo es su marido.
Para que eso funcione hay que escribir muy bien la secuencia en que él se vea con la profesional para que, sin que esté pasando nada de eso, parezca que están liados.
-Sí, esa la escribiré yo.
Vete a la mierda.
-No, en serio. Puede que lo mejor sea que en esa secuencia no se oigan los diálogos.
Sí, algo así. Y cuando ella hable con el búlgaro todo lo contrario, que quede claro que lo está contratando para matar a alguien.
-Sí, pero que en ningún momento se diga a quien hay que matar. Habrá que construir bien el diálogo para que no se note mucho que se está evitando decir el nombre.
Que le pase una foto o algo así y que el espectador no pueda verla. Si escribimos bien el diálogo todo el mundo supondrá que el objetivo es el marido.
-Tranquilo que ya la escribo yo.
¿Estás insinuando algo? Yo dialogo de puta madre chaval.
-¡Jajaja! Te picas enseguida.
Vete a la mierda.
-Bueno, ya lo tenemos todo preparado para la gran noche ¿no?
Casi, yo pondría una secuencia en la que ella y él bromean sobre una apuesta que han hecho para su aniversario de bodas.
-Uff… eso es muy retorcido. Y otro diálogo que hay que escribir con pinzas.
Tenemos que plantar algo así antes de la gran noche. Esto lo han planeado juntos. La sorpresa es a quien ha encontrado cada uno, pero los dos han fijado juntos las reglas del juego.
-Es cierto, en eso tienes razón.
Siempre tengo razón.
-Bueno, dialogar esto va a ser un infierno, pero lo intentaremos. Vamos de una vez a la gran noche.
Yo empezaría siguiendo al búlgaro entrando en la casa y con el marido preparando un coctel en la terraza.
-¿En la misma casa?
No, eso es lo que pensará el espectador. Pero están en casas distintas.
-Y cuando el búlgaro llega al salón acristalado, descubrimos que desde la terraza en la que está el marido puede verse el salón de la casa de enfrente.
Exacto.
-Me gusta. Nadie entenderá nada.
Eso mola.
-Y cuando la profesional aparece en el salón, el marido avisa a su mujer, que está con él en la terraza y los dos miran por los prismáticos en penumbra lo que pasa en el salón de la otra casa.
En plan La ventana indiscreta, es genial.
-Y nos vamos dentro con el búlgaro y la profesional.
¿Y de qué hablan estos dos?
-Esta secuencia es la mejor de toda la peli. Estamos aquí por esto.
Ya, pero hay que escribirla.
-Yo empezaría poco a poco. Dejando que el espectador especule sobre qué está pasando realmente. No te olvides de que ahora mismo siguen creyendo que ella es la amante del marido pero saben que el búlgaro es un asesino.
Sí, pero puede que alguno ya se haya coscado de que cuando le hicieron el encargo no se dijo en ningún momento a quien había que matar.
-Exacto. Pero lo más extraño de todo será que ninguno de los dos se sorprenderá al ver al otro. Conocían la cara de quien iban a encontrarse, pero no quien es realmente.
Ambos están interpretando el papel que les han dicho que han de seguir.
-Eso es. Ella se está haciendo pasar por puta de lujo y él por cliente.
Él cree que la mujer lo ha contratado para matarla porque es la amante de su marido.
-Y ella cree que la han contratado para matar al búlgaro porque es un empresario que debe dinero a alguien.
Brutal.
-Ya, pero será difícil que el espectador se entere de todo esto sin que resulte demasiado explicativo. Y hay que decirlo, porque sino no sabrán qué está pasando realmente. Nada menos que dos asesinos contratados por separado para matarse mutuamente sin que ninguno de ellos sepa quien es realmente el otro.
Y los otros dos viéndolo todo desde la terraza del otro piso, escuchándolo a través de un micro oculto y pasándolo teta con la que han liado.
-Se nos ha ido la pinza.
Totalmente, pero no me pares ahora que estoy lanzado. Esta es la parte que tengo más clara.
-Miedo me das.
La conversación entre el búlgaro y la otra acaba cuando ella ataca.
-¿Ella ataca primero?
El búlgaro tiene todas las de ganar. Tenemos que herirlo para igualar un poco la cosa.
-Pues también tienes razón. ¿Con qué pelean estos?
Eso es lo mejor. Ella lleva un cuchillo oculto en el taconazo.
-¿Qué?
Se puede hacer, mira este dibujo.
-A ti esto te pone ¿no?
Es muy elegante chaval y hará que este personaje sea inolvidable.
-Te dejaré ponerlo en la primera versión del guión. Pero no prometo nada.
Y ahora deja que te haga una pregunta.
-Dime.
Se supone que esto es el final. Uno de los dos asesinos muere y la pareja sigue celebrando su aniversario comentando qué divertido ha sido todo y recuperando la pasión perdida.
-Más o menos.
Pero imagínate que te han encargado ir a matar a alguien y de repente te encuentras con que esa persona intenta matarte a ti ¿no sospecharías?
-Pues no me ha pasado nunca.
Yo digo que los dos asesinos, en medio de la pelea, deberían hablar entre ellos, descubrir que el matrimonio les ha tendido una trampa y aliarse para ir juntos a por ellos.
-¿Qué? Pero eso lo cambia todo.
Exacto. Lo que parecía un final se convierte en un giro que nos lleva a un tercer acto en el que dos asesinos profesionales está buscando a una pareja de degenerados para matarlos.
-La verdad es que tiene buena pinta ¿y cómo acabarías la historia?
No lo sé. Esto del giro se me ha ocurrido esta mañana antes de que vinieras.
-Pues vamos a hacer una cosa. Nos damos dos días para pensarlo por separado. El viernes quedamos otra vez y a ver qué tenemos. Si encontramos un final que nos guste empezamos con la primera versión. ¿Te parece?
Bueno, pero ¿ya te vas?
-Sí, he quedado.
¿Con quién?
-¿Y a ti qué te importa?
¿Está buena?
-Vete a la mierda chaval. Y sal un poco tú también. Tanto porno no es bueno ¿sabes?

2 may. 2012

Refundando


Este post se publicó en Guionistas VLC el 16/04/2012
Hoy en día hablar de SGAE en este país es algo así como hablar del COCO. Tiene tan mala prensa que ha conseguido unir en su contra a sectores tan enfrentados como el 15M e Intereconomía.
Por cierto, no os perdáis la serie de sketch de Intereconomía sobre SGAE. Sin duda, todo un alarde de originalidad, ingenio, fina crítica y humor a partes iguales. Pero lo mejor y más significativo de todo son los comentarios. En ellos la gente critica el canal por facha pero al mismo tiempo afirman que los sketch les hacen mucha gracia y que dicen la verdad. Un comentario afirma directamente:La SGAE es hasta peor que Intereconomía. Acojonante.
Para conseguir esto es obvio que la SGAE ha tenido que hacer méritos. Uno no consigue tanto odio así como así, hay que currárselo. Todo esto es el fruto de años de opacidad en la gestión, abusos en la recaudación y una ausencia total de imagen de marca. Sencillamente a la Junta Directiva de la SGAE no le preocupaba lo que la gente pensara de su sociedad porque se creían intocables y estaban ocupados comprando teatros en Argentina.
El problema es que ahora la gente asocia esta actitud prepotente, chulesca y abusona de la SGAE de los últimos años con los derechos de autor. Con lo que ese odio ha pasado a identificarse con los autores. Un grave problema por muchas razones pero, sobre todo, porque esto le pone las cosas más fáciles que nunca a los que sueñan con hacer desaparecer los derechos de autor. Hay muchos intereses en este sentido y, si pueden, no perderán la oportunidad de salirse con la suya.
No me voy a poner ahora a defender los derechos de autor, ya lo hice en su momento. Ahora se trata de defender lo que hasta hoy nos ha servido para gestionarlos, la propia Sociedad General de Autores. Y no es ninguna tontería. La herencia que nos deja la anterior directiva no es solo de mala prensa, además la SGAE arrastra una deuda de 130 millones, una hipoteca de casi 20 y, según algunas fuentes, un problema serio de liquidez. Más que una herencia parece una putada.
Por suerte, en estos momentos se está llevando a cabo el que se ha dado en llamar: Proceso de refundación de la SGAE.
Si sois socios de SGAE es complicado que todavía no os hayáis enterado de que hay elecciones. Nos están acribillando la bandeja de entrada con emails pidiendo nuestro voto. Algunos incluso piden disculpas por molestar antes de hablar de su candidatura conscientes de que llegan de los últimos y que probablemente ya nadie lea su email. No es de extrañar teniendo en cuenta que a estas elecciones se presentan nada menos que 170 candidatos. Para entender lo escandaloso de la cifra basta decir que hubo menos gente en la mayoría de las asambleas generales de los últimos años. Pero es que el avispero está revuelto y hay mucho zángano revoloteando.
Desde luego, hay algo de lo que podemos estar seguros, estas elecciones serán distintas. Serán distintas por muchas razones, pero sobre todo por el excelente trabajo que realizó la comisión que salió elegida de la última asamblea general y que reformuló los estatutos eletorales. Entre otras cosas, se ha ampliado el número de socios con derecho a voto de 8.220 a 20.881. Concretamente podrán votar todos los socios que en los últimos 4 años hayan recaudado al menos un salario mínimo interprofesional mensual, es decir, 641,40 €. Una cifra realmente baja que incluye a prácticamente todos los profesionales en activo y deja fuera a una gran masa de gente que figura como socio de SGAE probablemente porque confundió la sociedad con el Registro de la Propiedad Intelectual y que la anterior directiva mantuvo en las listas para poder decir que representaba a 100.000 socios. Algo ridículo teniendo en cuenta que aproximadamente la mitad de ellos jamás recaudó un solo euro.
Pero, si hacemos caso a los rumores, a pesar de estos cambios, hay algo que parece que no cambiará en estas elecciones, que Teddy Bautista se presenta.
Evidentemente no lo hará personalmente, pero sí a través de candidatos que supuestamente son independientes pero que, desde la sombra, están siendo teledirigidos por Teddy Bautista. Sí, este tipo es como el monstruo de la última pantalla, cuando parece que ya está muerto va y te lanza su mejor ataque.
Todo esto son rumores, pero claro, cuando una candidatura tiene los santos cojones de llamarse “No estábamos tan mal” uno tiende a desconfiar.
Personalmente creo que la SGAE necesita finalizar ese llamado proceso de refundación refundándose de verdad. Si al final de todo este jaleo dejamos que sigan los mismos es que no hemos aprendido nada.
Esto ya lo hemos hecho los valencianos en las últimas elecciones autonómicas y, parece molón, pero no trae nada bueno.
El problema es que esta gente se las sabe todas. Si seguimos haciendo caso al río que suena, tendremos que creer que se está llevando a cabo una campaña de captación de voto puerta a puerta en la que las candidaturas continuistas están tratando de captar el voto de los autores más veteranos. Esta gente suele ser continuista y, además, son gente que ha recaudado mucho y que, por tanto, acumula muchos votos, por lo que no es ninguna broma.
En estas elecciones votará más gente que nunca, pero aquí lo de un hombre un voto no funciona. El voto de uno solo de estos autores puede tumbar el de veinte o treinta autores que empiezan.
La deducción es lógica, el absentismo favorece a la mano negra. Si votan los de siempre ganarán las opciones continuistas y seguiremos teniendo una SGAE instalada en la era de los casetes. Es importantísimo que en estas elecciones vote la gente que no solía votar y los que tienen voto por primera vez.
Por si sirve de algo, lo diré claro, yo voy a votar a AUNIR. Entre sus miembros hay varios guionistas comprometidos con su profesión que, si llegan a formar parte de la junta directiva, harán fuerza para que el peso del audiovisual crezca dentro de una sociedad todavía muy controlada por los músicos. Además, estoy de acuerdo con el enfoque de los diez compromisos que presentan en su candidatura y creo que van en la dirección correcta.
Para los que elijan esta misma opción, un apunte más. AUNIR, al igual que otras agrupaciones, no va a presentar su candidatura como grupo. Por la ley de D’Hondt, que rige en las elecciones de la SGAE, no les conviene presentarse como grupo, sino presentar a cada candidato como independiente. Lo que buscan es que el máximo número posible de los miembros de su grupo llegue a la Junta Directiva. Esto provocará que cuando vayamos a votar, si hemos decidido votarles, no podamos limitarnos a elegir las casillas de los candidatos de AUNIR porque sus siglas no aparecerán por ningún lado. Quien quiera votarles tendrá que conocer los nombres de sus candidatos, ir a votar con la chuleta o llevar la papeleta ya cumplimentada desde casa.
Todo este tema de las elecciones de SGAE, a menos que se interprete como una especie de thriller con intrigas palaciegas y un malo malísimo conspirando en la sombra, resulta tremendamente aburrido. Pero si eres guionista y aspiras a seguir ganándote la vida escribiendo, te conviene tener una SGAE fuerte. Pásate el día 26 de abril por la SGAE, que además este año podemos votar desde Valencia, y empuja un poco hacia la dirección que consideres más acertada. Y, gane quien gane, espero que al final salgamos ganando todos.