17 nov. 2011

II Encuentro de Guionistas



Revisando las notas que tomé mientras asistía a las ponencias del II Encuentro de Guionistas en Madrid...

ACLARACIÓN: Tomar notas es lo que hacemos los guionistas aburridos mientras los guionistas molones twitean.

...me doy cuenta de que más que hacer un resumen o una valoración general sobre todo el Encuentro o desarrollar desde mi punto de vista un tema concreto de todos los que se hablaron, lo que más me apetece es hablar del III Encuentro de Guionistas.
Porque aunque no es ni mucho menos seguro que se vaya a celebrar porque para eso antes hay que organizarlo y podéis estar seguros de que no será tarea fácil, todos damos por supuesto que de una u otra forma el año que viene nos reuniremos por tercera vez. Y esto, ya es todo un logro.
El simple hecho de que el gremio de guionistas se reúna una vez al año ya supone un éxito porque:

- Estamos consiguiendo proyectar una imagen de unidad.

- Las instituciones y los representantes del resto de colectivos del sector audiovisual se están dando cuenta de que los guionistas estamos cada vez mejor organizados para luchar por nuestros intereses.

- Muchos guionistas están descubriendo que no están solos, que las asociaciones funcionan y que pueden resultarles muy útiles.

- Y además, nos permite tomar el pulso de la profesión año a año, poner en común nuestras experiencias profesionales y conocernos personalmente.

Solo por eso ya merece la pena seguir reuniéndonos cada año. Pero creo que ahora que parece que todo esto ya se da por supuesto, podemos aspirar a más.
Lo primero, desde mi punto de vista, es dejar claro a todos los asistentes quién organiza el sarao. Puede que sea solo una impresión personal, pero me da en la nariz que una buena parte del respetable no tenía ni pajolera idea de qué son ni cómo funcionan las asociaciones de guionistas. Recuerdo especialmente un momento del II Encuentro en el que alguien desde el público afirmaba, convencido de que nunca jamás a nadie se le habría ocurrido antes esa misma idea, que lo que debíamos hacer era presionar a los representantes políticos para conseguir un convenio colectivo. Albert Plans, hasta hace poco miembro de la Junta Directiva de FAGA y presidente del SIGC, tuvo que pedir la palabra para aclarar que eso mismo ya se había intentado a través de los sindicatos mayoritacios cuando TACE renegoció su convenio hace pocos años y que aquello salió muy mal incluso para TACE, como explican en su propia web, por culpa de que UGT y CCOO firmaron con la patronal a sus espaldas un convenio que no les convenía (no es un juego de palabras, es una putada).
Por eso mismo las asociaciones de guionistas están haciendo toooodas las gestiones necesarias para convertirse en sindicatos, porque se pretende conseguir algo tan complicado como cambiar la ley y poder negociar un convenio sin necesidad de ir de la mano de los sindicatos mayoritarios.
El problema de fondo de todo esto es que la ley considera que el sindicato más representativo de un sector es el que tiene más delegados sindicales del mismo. Esto supone un grave problema para nosotros porque para poder participar en unas elecciones sindicales y convertirse en delegado es necesario haber trabajado un mínimo de seis meses en una empresa con suficientes trabajadores como para estar obligada a celebrar elecciones sindicales de comité de empresa. Esto nos deja a los guionistas totalmente fuera de juego porque normalmente trabajamos como autónomos o por períodos cortos y para empresas que suelen tener pocos trabajadores.
Es necesario cambiar la ley para ajustarla a la realidad de nuestro sector y para ello se están barajando opciones como cambiar que la representatividad sindical para que no dependa del número de delegados sindicales sino del número de afiliados. De este modo, las asociaciones-sindicatos de guionistas se convertirían en los sindicatos más representativos ante la ley y estarían en disposición de negociar, por ejemplo, un convenio.

¿Hola? ¿Sigue alguien leyendo este peñazo? No me sorprendería que no quedase ni el Tato porque estos temas son tremendamente aburridos. A nadie en su sano juicio le apetece leer sobre estas cosas. Solo saber qué narices significan todas esas siglas ya puede llevarte un buen rato, pero cuando encima te pones con temas legales... puff!! Deja, deja...
Por eso mismo es importante que la gente sepa qué se está haciendo desde las asociaciones. Porque al fin y al cabo las asociaciones no son más que guionistas que han decidido dedicar parte de su tiempo libre (sin cobrar un duro) a empaparse de estos temas y buscar la forma de mejorar la situación del colectivo. Algo de lo que después nos beneficiamos todos.
Propongo desde aquí que en el III Encuentro haya una mesa dedicada a las asociaciones de guionistas. Solo con que los asistentes se hiciesen una ligera idea de los temas en que se está trabajando y cuales son los objetivos a corto y largo plazo de las asociaciones, se darían cuenta de la importancia que tienen.

El segundo punto que considero que deberíamos tener en cuenta también a la hora de organizar el III Encuentro, es qué noticia queremos generar.
La repercusión mediática que los Encuentros generan es mucho mayor de la que disponemos normalmente y debemos aprovechar esto para lanzar a la sociedad el mensaje que más nos interese. Para conseguir esto probablemente deberíamos diseñar el programa pensando ya en ello.
Evidentemente este es un trabajo de reflexión previo que no será nada fácil, pero hay que fijar prioridades. Si generamos un único titular potente seguramente consigamos más que si distribuimos una lista de diez conclusiones del Encuentro. No quiero decir con esto que las conclusiones no sean necesarias, ni mucho menos, pero no podemos esperar al último día para decidir qué es lo que queremos decir. La imagen que el Encuentro proyecta hacia el exterior es muy importante y debemos encontrar la forma de utilizarla mejor.

En definitiva, se trata de plantearse una pregunta corta pero nada sencilla de responder:

¿Para qué sirven los Encuentros de guionistas?

Podría parecer que he empezado este post precisamente respondiendo a esta pregunta, pero ni mucho menos creo que sea así. Esta pregunta está en el aire sobre todo porque lleva implícita una pregunta más concreta que es la que realmente debe ocuparnos ahora:

¿Qué queremos conseguir con el III Encuentro de guionistas?

3 nov. 2011

El cuarto loco


Es un monstruo, un psicópata absoluto. Es muy difícil capturar a uno vivo.”

Esta es la descripción que el Doctor Frederick Chilton hace de Hannibal Lecter tratando de asustar e impresionar a la agente en prácticas Clarece Starling. Acto seguido, Clarece y Frederick descenderán una planta tras otra adentrándose en lo más profundo de los sótanos del Hospital psiquiátrico de Baltimore.
Estas secuencias podrían parecer una mera transición, pero en realidad transmiten una información importantísima. Cada plano está pensado para hacer sentir al espectador que está acompañando a Clarece a un lugar donde se esconde algo realmente peligroso. Las seis puertas metálicas que se van cerrando a su paso, las instrucciones a cerca del comportamiento a seguir en la celda y la pequeña historia sobre aquella enfermera a la que Hannibal devoró media cara sin que sus pulsaciones pasasen de ochenta pulsaciones por minuto, dan a entender de forma evidente al espectador que el ser que está a punto de ver encaja a la perfección con la descripción. Es un monstruo.
Por eso, cuando la última puerta metálica se cierra tras Clarece, las expectativas están disparadas. Pocos se atreverían a dar los pocos pasos necesarios para recorrer el pasillo, llegar hasta la celda de Hannibal y mirarlo a los ojos sin temblar. Pero desde la seguridad de una butaca, son todavía menos los que consiguen reprimir sus deseos de ver al monstruo. Poder disfrutar de la sensación de peligro desde la seguridad de un lugar tranquilo es uno de los factores que ha hecho del cine uno de los entretenimientos preferidos por la humanidad.
Pero sigamos. En ese pasillo no solo está la celda de Hannibal. La suya es la última, la que está justo enfrente de la silla que amablemente ha dejado el celador para que Clarece pueda sentarse. Desde la puerta de entrada, la silla parece muy lejana. Para llegar hasta allí Clarece tendrá que pasar por delante de las celdas de otros tres internos. Un hombre corpulento y sonriente que la saluda apoyado en los barrotes; un hombre con la mirada perdida, ajeno por completo a Clarece y un pervertido incapaz de ocultar su ansiedad, moviéndose como un simio encerrado, trepando por los barrotes de su celda y diciendo ordinarieces. En definitiva, una buena colección de locos. O al menos eso es precisamente lo que el espectador piensa al verlos. Locos es lo que espera ver y locos es lo que encuentra. 


Pero después de ese desfile ¿qué nos espera en la última celda?
En los pocos segundos que tarda en aparecer la figura de Hannibal, el espectador tiene tiempo de imaginar qué tipo de loco le espera. La gran mayoría imagina alguien feo, desagradable a la vista, con expresión homicida en los ojos y una corpulencia digna de respeto. Alguien cuya mera presencia conseguiría que cambiásemos de acera.
Esto no es por casualidad. A la humanidad le encantaría que la locura o las tendencias homicidas fuesen algo evidente a la vista. Nos sentiríamos más tranquilos si cualquiera capaz de cometer un crimen de sangre lo llevase escrito en la cara. No es así, pero inexplicablemente este hecho sigue sorprendiéndonos a diario.
Basta con ver un informativo para descubrir la coletilla que todo vecino de asesino que se precie dice en cuanto se le apunta con una cámara: “Parecía una persona normal”.
Por supuesto que lo parecía, porque lo era.
La locura no es algo exclusivo de las personas con aspecto extraño. Ni siquiera es propiedad exclusiva de las malas personas. La locura es algo mucho más complejo.
Tal vez el cine tenga parte de culpa. Sus monstruos han alimentado un imaginario popular que representa siempre la locura con ojos desorbitados, expresiones desencajadas y salibación incontrolada. Se ha fomentado la idea equivocada de que un mostruo debe parecerlo. Pero en El silencio de los corderos este juego se juega a la inversa, y precisamente por eso el personaje de Hannibal Lecter resulta aterrador, porque rompe por completo las expectativas.
Cuando Clarece da los últimos pasos, el espectador se teme lo peor. Prácticamente cualquier cosa horrible que habitase aquella última celda resultaría verosímil. Pero lo que se encuentra es justo lo contrario. Un hombre limpio, elegante, sereno y culto recibe educadamente a Clarece provocando que el espectador, de repente, pierda todos los referentes a los que se había estado agarrando. A partir de ese momento ya no sabe qué esperar. Hannibal no encaja con sus ideas preconcebidas. Es un monstruo, o eso le han dicho, pero no lo parece en absoluto y eso da miedo.


Heidegger afirmó que el hombre tan solo es capaz de sentir miedo de una cosa, de lo desconocido. Y que el terror se producía cuando aquello que nos produce miedo se acerca demasiado rápido como para poder huir.
Personalmente no puedo estar más de acuerdo con esta afirmación y creo que es precisamente esto lo que hace que la presentación de Hannibal Lecter sea prácticamente perfecta. De hecho, probablemente sea una de las mejores presentaciones de personaje de todos los tiempos.
El modo en que se habla de él antes de que aparezca, el tiempo de espera hasta que por fin conseguimos verlo y el universo que lo rodea, consiguen generar grandes expectativas. Pero después de imaginar seres horribles el espectador se acaba descubriendo a sí mismo sintiendo miedo ante un hombre que, en cualquier otro contexto, nos habría parecido de lo más normal. Puede incluso que su expresión hubiese parecido agradable a más de uno.
Lo desconocido, la ausencia de referentes, se abre ante el espectador cuando descubre a Hannibal de pie, en el centro de su celda, iluminado como si de una aparición se tratase.
Después, él mismo se encargará de demostrar que realmente es merecedor del apelativo de monstruo. Pero esto, gracias a la magnífica presentación del personaje, podrá conseguirse con una simple conversación tranquila.


Basta que Hannibal diga:
Más cerca.”

Para que nos removamos en la butaca. Un lugar que, con él en la pantalla, ya no nos parece tan seguro.