28 mar. 2012

Animales


Este post fue publicado en Guionistas VLC el 12/03/12
El otro día vi un documental sobre focas. Concretamente contaba la historia de Maggy, una foca hembra en la flor de la vida.
Maggy no tenia nada de particular, era una foca como todas las demás. De hecho, si os soy sincero, no estoy muy seguro de que realmente todas las imágenes que componían el documental fuesen de la misma foca. Es probable que los realizadores estuviesen un tiempo grabando focas al tuntún y después decidiesen montar aquello de tal forma que, con la ayuda inestimable de una voz en off, los espectadores incautos como yo nos tragásemos que todas aquellas aventuras y desventuras formaban parte de la vida de una sola foca.
Pero la cuestión es que me lo creí, porque me apetecía creérmelo y porque la idea de descubrir cómo es el día a día de una foca común sacó el cotilla que llevo dentro. Por suerte, mereció la pena. La vida de aquella foca resultó ser de lo más interesante. Cazaba peces compinchándose con sus colegas, tomaba el sol en las rocas y cada vez que se encontraba con un erizo de mar se pinchaba el hocico por curiosa. ¡Maggy era la monda! Pero lo mejor estaba por venir. De repente llegó la época de celo y Maggy se puso de un cachondo tan subido que todos los machos querían enrollarse con ella. Le tenían tantas ganas que hubo peleas y todo. Al final, Maggy eligió justo al que más me gustaba para ella, ¡no veas qué alegría me dio! Era un macho enorme, elegante y con mucho porte. Esa misma noche hicieron el amor apasionadamente en la playa, bañados por las olas del Pacífico norte.
A los diez meses y medio nació Pegy, una foca preciosa con los ojos de su madre y los andares de su padre. Si el documental me estaba gustando, ahora me tenía enganchadísimo. Me sentía orgulloso de ver como aquel pequeño animalito daba sus primeros aleteos por el mundo. Especialmente emocionante fue el momento en que Pegy cazó su primer pez. ¡Pero qué grande!
Las focas, mira tú que cosa más inesperada, se convirtieron en mi animal más preferido.
Pero entonces ocurrió algo espantoso. Era la hora de comer y todas las focas estaban pescando alrededor de un banco de sardinas que se había acercado a la costa. De repente, una de ellas vio algo y huyó a la orilla como alma que lleva el diablo. Todas las demás, alertadas por esta, huyeron a la playa. Todas menos Pegy, que en ese momento se encontraba justo a punto de cazar su tercera sardina del día, lo que habría supuesto un nuevo récord personal que contar a Maggy. Seguro que su madre se habría sentido muy orgullosa de ella, pero por culpa de este entusiasmo en la caza Pegy no se dio cuenta de que en aquellas aguas había algo maligno, una ballena asesina.
Aquella mole de carne hidrodinámica se lanzó sobre ella con tanta velocidad que para cuando Pegy alcanzó a ver una sombra negra y blanca por el rabillo del ojo, unos dientes de más de diez centímetros ya le estaban desmembrando. La sangre de Pegy tiñó el agua y yo me sentí morir.
Aquel animalito inocente no merecía aquello. ¿Qué será de Maggy ahora? Seguro que pasará el resto de sus días sintiéndose culpable y acusándose a sí misma de ser una mala madre.
Cambié de canal, a telecinco. Al menos allí la sangre era fingida.
Pero al día siguiente recaí. No me preguntéis por qué, pero me puse a ver otro documental. Soy un enfermo, lo sé.
Todavía no había logrado borrar de mi mente el asesinato de Pegy cuando, de repente, tuve que vérmelas con su asesino. Sí amigos, para mi espanto, aquel documental iba sobre orcas.
Mi primer impulso fue cambiar de canal, pero había dejado el mando a distancia más allá del alcance de mi mano y ya estaba enrollado en la manta en el sofá, por lo que decidí ser fuerte y mirar a aquel animal a los ojos acusadoramente tanto tiempo como fuese necesario, hasta que me quedase dormido de pura rabia.
Pero, para mi sorpresa, aquel documental hablaba bien de las orcas. Las definía como seres capaces de mostrar sentimientos. Al parecer vivían en grupo y unos cuidaban de los otros, relacionándose y comportándose según las normas de una estructura familiar.
Era evidente que aquel documental, que se las daba de objetivo y científico, estaba tratando de manipularme. Pero no iba a ponérselo tan fácil. Yo sabía bien la clase de animal que era aquel bicho. Un animal cruel de la peor calaña capaz de matar crías inocentes sin ni siquiera pestañear.
Reconozco que cuando una de las hembras dio a luz y vi a aquella pequeña criatura saliendo a respirar a la superficie por primera vez en su vida flaquee un poco.
Acababa de nacer, puede que sus padres fuesen unos seres despreciables, pero él no tenía culpa de nada. Eso sí, seguía odiando a su madre que, además, tenía una marca en la aleta que me recordaba mucho a la que tenía la asesina de Pegy. ¿Era posible que se tratase del mismo animal? Solo de pensarlo se me revolvían las tripas.
Entonces la voz en off, la misma voz en off que el día anterior se horrorizaba conmigo por la muerte de Magy, empezó a explicar que las crías de orca dependen totalmente de sus madres durante todo un año y que durante todo ese tiempo maman entre ¡tres y cuatro horas al día!
Al rato se me hizo difícil odiar a aquella madre y dejé de mirarla tan acusadoramente. ¿Tú sabes como chupaba eso? Soportar que tu hijo viva a tu costa, como un niño mimado, durante tanto tiempo, te desacredita totalmente como asesino. Si realmente fuesen seres violentos abandonarían a su suerte a esos pequeños mamones a los pocos meses de nacer, pero no, las madres orca se implican muchísimo en la crianza de sus hijos.
Entonces fue cuando lo comprendí. Aquella pobre madre orca debía estar desesperada. Si las orcas cazaban focas era porque con un un bebé chupando de la teta todo el día, o se alimentaba o moría por inanición. Y si ella moría su bebé también moriría. Con tanta presión y responsabilidad sobre ella era normal que cazase lo que fuese que se pusiese a tiro.
Para cuando llegó la secuencia en la que la madre orca caza una foca, ya estaba preparado. Casi me alegré por ella. Las focas seguían cayéndome bien y me dolía que tuviesen que morir, pero aquella orca era una buena persona y se merecía comer algo después de tanto trabajo.
Cuando el documental acabó y un anuncio de detergente me sacó de mi ensimismamiento, sentí vergüenza de mí mismo. En menos de una hora había pasado de ser un convencido pro-foca y odia-orcas a casi todo lo contrario. ¿En qué clase de persona me convertía eso? ¿Acaso no tenía personalidad? Alguien capaz de dejarse manipular de esa forma tan burda no era digno de llamarse persona. Las personas, al menos las personas que merecen la pena, son fieles a sí mismas. Cuando alcanzan una convicción la defienden y se mantienen en su posición aunque otros traten de convencerle de que se equivocan. Un verdadero pro-foca se habría mantenido firme durante toda esa hora, mirando de forma acusadora a aquella orca y a su puñetera cría, impermeable a cualquier argumento manipulador que buscase apelar a mis sentimientos o incluso a mi capacidad de raciocinio. Un verdadero pro-foca odiaría a las orcas toda su vida sin contemplar siquiera cualquier otra opción, por muy convincentes que pareciesen sus argumentos o por muy adorables que pareciesen las crías de orca.
Entonces empecé a dudar de todas mis convicciones. Tal vez, en realidad, no opinaba nada sobre nada. Tal vez, en el peor de los casos, todo lo que yo creía mi propia opinión no era más que el eco de las proclamas de otros.
Entonces fue cuando me dí cuenta. La culpa de todo la tenían aquellos documentales. Tras una apariencia de objetividad, se escondía toda una estrategia narrativa pensada para que el espectador se sintiese más próximo al protagonista de la historia que a todos los demás. ¿Qué habría pasado si el documental hubiese sido de sardinas? ¿Entonces ahora odiaría a las focas?
No podía seguir así. Tenía que ser capaz de construir mi propia escala de valores, debía guiarme por criterios personales y alcanzar convicciones propias. Nadie podía estar decidiendo por mí lo que debía pensar.
Así que tomé una determinación, a partir de ese momento pensaría bien cada cosa y sería consciente de cada decisión que tomase. No me dejaría influenciar por nadie y cuando me identificase con alguna opción me mantendría firme en esa posición pasase lo que pasase.
Por lo pronto, tras pensarlo mucho y sopesar los pros y los contras, decidí ser pro-orca. Puede que Maggy y Pegy me hubiesen caído bien en algún momento, pero las orcas estaban por encima en la cadena alimenticia y, puestos a elegir, mejor quedarse con el que manda.
Por fin tenía una opinión propia sólida y meditada. Me sentí aliviado. Había pasado toda la tarde pensando en aquello. Enrollado en la manta, tumbado en el sofá y con la tele encendida pero con la mirada perdida en el techo. Sin darme cuenta, se habían hecho las nueve de la noche y justo empezaban los informativos. Por fin iba a poder relajarme un poco y ver la tele tranquilamente. Aquí no hablaban de animales.

12 mar. 2012

Sé egoísta


Este post se publicó en Guionistas VLC en 20/02/2012.
Cada vez que en una reunión de la asociación de guionistas se habla de que es necesario captar más socios, me siento miembro de una secta. Me imagino rapándonos al cero y yendo casa de guionista por casa de guionista tocando la pandereta y cantando proclamas pegadizas para conseguir que se asocien. Por suerte, esta medida no se aprobó en la última junta, por un voto.
Hace años que pertenezco a EDAV (Escriptors de l’Audiovisual Valencià), por eso no acabo de entender por qué la gente prefiere ir por libre. Para tratar de comprenderlo he de remontarme al 2005, el año que pagué mi primera cuota de socio adherido. Acababa de terminar el máster de guión de tv en la UIMP y nos habían dado tanto la tabarra con que teníamos que asociarnos que prácticamente todos los alumnos de la promoción en bloque lo hicimos.
Cuando fuimos a la primera reunión, no me enteré de nada. Parecía que hablaban en clave. Todo eran siglas de instituciones y organismos que no conocía, no sabía para qué servían, ni a quien representaban. Los nuevos nos mirábamos entre nosotros de reojo, comprobando que el pasmo era general y apuntando en una libreta todo aquello para buscarlo luego en internet. Por supuesto, nunca llegué a hacerlo.
Otro motivo de gran decepción por mi parte fue que no conseguí trabajo.
No sé por qué me había hecho la idea de que en esas reuniones los guionistas veteranos, después de hacernos alguna novatada a los guionistas jóvenes, nos aceptarían como miembros de su grupo y nos confesarían los secretos de la profesión. Casi esperaba que alguno de aquellos guionistas canosos se me quedase mirando fijamente de repente y me dijese: Chico, ¿sabes escribir?
Yo diría: Sí. Tratando de parecer los más convincente posible y él respondería:Contratado.
Pero no, por increíble que parezca, eso no pasó.
Y por si fuera poco, en esa misma reunión también me enteré de que los convenios laborales eran algo muy importante y que nosotros no teníamos uno… Todo eran buenas noticias.
Poco después, recuerdo que me planteé seriamente darme de baja. Se me pasó por la cabeza que estar asociado no solo no iba a ayudarme a encontrar trabajo, igual hasta me lo ponía más difícil. Me imaginaba a un productor dudando entre dos guionistas y diciéndole a la jefa de producción: Llama al otro, al que no es de EDAV. Los de las asociaciones de guionistas les meten en la cabeza muchas chorradas a esos críos y dan mucho la brasa.
Con los años he ido comprendiendo de qué va todo esto y he llegado a la conclusión de que si hay guionistas que no se asocian es sencillamente por desconocimiento. Deben pensar cosas por el estilo a las que pensaba yo y sentencian el posible debate interno que puedan tener sobre si asociarse o no diciendo un rotundo: Yo paso de esos rollos.
A estas altura ya lo habréis notado, pero voy a decirlo abiertamente para que no se me acuse de estar haciéndolo subrepticiamente (desde que Martín usó esta palabra en su último post no me la quito de la cabeza). Este post tiene un objetivo claro, convencer a los guionistas que todavía no se han asociado de que lo hagan. Pero no lo voy a hacer apelando al bien común o a al corporativismo. Las asociaciones de guionistas no son ONGs ni tienen como objetivo salvar ninguna especie en peligro de extinción, aunque lo parezca. No buscamos gente altruista dispuesta a trabajar por los demás. Asociarse es lo más egoísta que podéis hacer. ¿Por qué? Porque pagando la cuota estaréis luchando por vuestros propios intereses.
No te engañes, no es una cuestión de recaudación. La cuota es importante, desde luego. Gracias a ellas las asociaciones pueden permitirse pagar coordinadores, asesorías jurídicas, asesorías legales y organizar actividades. Pero no es ni la mitad de importante que el hecho mismo de que haya un asociado más.
Cada vez que un representante de una asociación se sienta en una mesa a negociar cualquier cosa, su única baza es el número de guionistas a los que representa. Somos un colectivo importante y cuando pedimos algo justo suelen escucharnos. Pero alguien tiene que pedirlo, negociarlo y pelearlo hasta que se consigue y si todos vamos por libre no hay nadie legitimado para hacerlo. Por eso, que las asociaciones representen al mayor número posible de guionistas es tan importante, porque les legitima para hablar en nombre del colectivo y no de un grupo de ellos.
Ahora es cuando más de uno está pensando: Ya, tú lo que quieres es que pague mi cuota para que otros decidan lo que me conviene en mi nombre.
No. Nadie decide lo que te conviene. Lo que te conviene es lo mismo que nos conviene a todos los guionistas por el simple hecho de dedicarnos a esto. Las asociaciones priorizan sus acciones en función de lo que los socios demandan. Si hay algún tema que te preocupe especialmente, transmítelo a la junta directiva de tu asociación o pide entrar a formar parte de ella, seguro que te reciben encantados y, de repente, dispondrás de una plataforma ideal para afrontar el reto de cambiar o mejorar aquello que te preocupa.
Pero si no hay nada que te preocupe especialmente o prefieres pasar de estos rollos, tranquilo, aquí viene lo mejor. No tienes por qué hacer nada. Sencillamente asóciate y cuando tengas tiempo, lee los emails informativos que empezarás a recibir, ve a las reuniones cuando te apetezca, apúntate a los cursos y actividades cuando lo que se ofrece te interese y sigue escribiendo. Las asociaciones ya están en marcha y están trabajando en multitud de frentes que, cuando vayan logrando sus objetivos, te harán la vida más fácil y podrás sentirte orgulloso de haber colaborado en algo.
¿Qué se está haciendo? Trataré de ser muy muy breve.
Primero una aclaración: EDAV, la asociación valenciana de guionistas, pertenece a FAGA, el Foro de Asociaciones de Guionistas Audiovisuales que reúne a las asociaciones de los guionistas gallegos AGAG, vascos EHGEP, catalanes GAC y valencianos EDAV (El tema de las siglas no lo solucionaremos nunca). Por lo que hablaré tanto de las iniciativas que se están llevando a cabo a nivel autonómico como a nivel nacional.
- Situación del Guionista. Las asociaciones realizan estudios sobre la situación del guionista para tratar de detectar los principales problemas y carencias de la profesión. Aquí podéis echarle un ojo al último estudio que realizó EDAV, pero ahora mismo está en marcha la realización de un nuevo estudio a nivel nacional.
Régimen de Artistas/Autores. ¿No os ha pasado nunca que habéis ido a daros de alta como autónomos para trabajar como guionistas y el funcionario de turno no sabía en qué epígrafe inscribiros? Ya va siendo hora de que los guionistas tengamos un régimen de cotización a la seguridad social propio que se adapte a las peculiaridades de nuestra profesión.
Elecciones SGAE. Pronto habrá una nueva junta directiva en SGAE y desde FAGA se está haciendo fuerza para que haya guionistas en ella que nos representen desde dentro y velen por nuestros intereses.
- Ley de la propiedad intelectual. El nuevo gobierno tiene previsto llevar a cabo una reforma de la ley de propiedad intelectual que podría, por fin, regular el entorno digital. Los guionistas tienen mucho que decir al respecto. FAGA ya se ha puesto en contacto con el ministro.
- El futuro de las televisiones autonómicas. Es un tema que preocupa y mucho al sector audiovisual, especialmente en Valencia. FAGA ha convocado una jornada de trabajo a nivel nacional en la que representantes de los principales colectivos del sector abordarán este tema.
Convenio guionistas. Aunque sea totalmente inverosímil a estas alturas seguimos sin tener uno. Es una batalla de largo recorrido, pero hay que seguir ahí.
- La visibilidad del guionista. ¿Se han publicado las bases de un premio o concurso para guionistas con alguna cláusula abusiva? ¿Eres el guionista de una película o de una serie y no se te menciona en los créditos o en una crítica cinematográfica? ¿Has ido a un festivas y has observado que había premios para todos menos para los guionistas? Informa a FAGA.
Encuentros de guionistas. Muchos habéis estado en las dos primeras ediciones ¿no? Pues eso.
Me dejo muchos temas, como los cursos, talleres y seminarios que se organizan desde las asociaciones. EDAV, por ejemplo, ya tiene una propuesta muy interesante para este año aprobada, con presupuesto y organizándose.
Espero que con estas pinceladas os haya servido para haceros una idea de la envergadura de los temas en los que se está trabajando. Cada vez que se consigue uno de los objetivos todos nos beneficiamos y si no existiesen las asociaciones nada de esto sería posible.
La semana pasada este blog se llenó de razones para desesperarse… hoy os he hablado de una forma de hacer algo para que todo esto cambie. La mejor forma.
Tal y como están las cosas, si eres guionista, no puedes permitirte el lujo de ir por libre. Cada guionista que no se asocia está dificultando la tarea de las asociaciones, es decir, está yendo en contra de sus propios intereses. Sé egoísta, asóciate.