9 ene. 2011

¿En qué trabajas?

Estas fiestas, al igual que muchos de los que no viven en el mismo lugar que sus progenitores, he vuelto a casa por Navidad. Todo bien: familia, amigos, regalos, comilonas... todo muy típico, con lucecitas y villancicos. Pero lamentablemente esto conlleva algo que me toca -y mucho- los huevos, las decenas de veces que he tenido que responder a la pregunta: ¿En qué trabajas?

Responder a esta simple y típica pregunta, que suele aparecer a los pocos segundos de reencontrarte con alguien al que hace tiempo que no ves, me da una pereza horrible.

La respuesta, en teoría, debería ser siempre la misma. Pero no, ni mucho menos. Qué responda depende de toda una serie de factores como el estado de ánimo en el que me encuentre en ese momento, la prisa con la que vaya, el lugar en el que estemos, la confianza que tenga con el emisor de la pregunta, lo mucho o poco que me importe lo que piense...

A veces es suficiente con decir que soy guionista. A la gente le suele parecer una respuesta curiosa y, por alguna extraña razón, tienden a hacer bromas al respecto del tipo: ¡Pues fíchame como actor/actriz! o ¡Échame una firma por si te haces famoso! o ¿Guionista? ¡Pues te podría contar mi vida! Te iba a salir una película...

Pero hay veces que no es suficiente. El titular no les satisface y quieren saber más. Entonces es cuando se abren las opciones. Cuando te pilla contratado por una productora basta con decir el nombre del programa o serie en la que estés trabajando, la cadena en la que se emite y el horario. Es una respuesta satisfactoria 100% porque es lo que esperan oír. El resto de la conversación suele dirigirse hacia curiosidades como si es verdad que los actores no se inventan todo lo que dicen, si conoces personalmente a la presentadora, si se gana mucho dinero en eso...

Pero cuando te pilla... “entre proyectos”, la cosa se complica. Nuestra profesión es atípica en muchos aspectos. Para empezar es muy poco habitual tener horarios “de oficina”, un lugar al que acudir todos los días, compañeros de trabajo, un sueldo a final de mes... es decir, todo lo que la mayoría de la gente entendería por un trabajo. Pero además, ganarse la vida como guionista conlleva una inestabilidad laboral casi constante. Sin ir más lejos, en los cuatro años que llevo dedicándome exclusivamente al guión, no ha llegado todavía la Navidad en la que pudiese responder “En lo mismo que el año pasado” a la puñetera pregunta.

Lógicamente todo esto resulta difícil de entender para alguien cuya mentalidad profesional se basa en conseguir un buen puesto en una buena empresa y permanecer en él toda la vida.

Con el tiempo he ido aprendiendo a esquivar estas situaciones, pero más de una vez me he visto en mitad de conversaciones en las que el tema a debate no parecía ser otro que el de por qué seguía empeñado en ser guionista cuando está claro que debería dejarlo y dedicarme a algo serio. Opositar, por ejemplo, es una de las opciones favoritas del público. Si te sacas tu plaza podrás seguir escribiendo en tu tiempo libre, me dicen sin pestañear, dando por supuesto que esta manía mía de ser guionista es una especie de afición pasajera, como la del niño que quiere ser futbolista y hay que obligarlo a hacer los deberes.

A veces, en mitad de una de estas conversaciones absurdas, siento ganas de decir: Vale, es cierto, desde tu punto de vista mi trabajo es una mierda. No puedo cambiar mi viejo coche como tú porque aunque tenga suficiente dinero en el banco como para hacerlo, el miedo a que el próximo contrato tarde en llegar y necesite ese dinero simplemente para seguir pagando el alquiler cada mes, me lo impide. Es cierto. Pero es que para mi la palabra trabajo no significa lo mismo que para ti. Yo no trabajo solo para ganar dinero. He elegido dedicar mi tiempo a lo que me apasiona y recibo muchas más gratificaciones por ello que un simple ingreso a final de mes. Y como no dejes de hacerte el comprensivo conmigo, de darme consejos absurdos y de poner en duda mi trabajo, te voy a tener que mandar a tomar viento fresco.

Ojalá alguien me cabrease tanto como para poder soltarle algo así, pero esto generalmente no ocurre. Las conversaciones se mantienen dentro de los márgenes de lo correcto y no puedes decirle a la cara a alguien que ha dedicado su vida a algo hueco o que es un pesetero solo porque haya ganado más dinero que tu el mes pasado. Además, pretender que la mía es la única profesión que merece la pena es absurdo, probablemente se lo acabase soltando a alguien que también disfruta de su trabajo y que me está diciendo lo que piensa sin ninguna mala intención.

El problema, la verdadera razón de fondo por la que esto me molesta, es porque no puedo evitar que me afecte. En los malos momentos, como el que está atravesando el audiovisual valenciano últimamente, resulta complicado ser optimista. Uno trata de refugiarse en la idea de que si sigue trabajando, escribiendo todos los días y levantando proyectos, antes o después obtendrá resultados. Pero no todos los días resulta fácil procesar fe ciega hacia esta idea y tener que justificarse ante otras personas, al menos en mi caso, consigue que se me tambalee todo todavía más. Me veo a mi mismo desde su punto de vista, imagino el concepto que deben tener de mi profesión y por un momento me pregunto si no tendrán razón, si no estaré buscando El Dorado...

¿Es esto falta de seguridad en mi mismo? No lo creo. Esta tendencia al negativismo es más bien fruto de una consciencia bien documentada de la verdadera situación del sector. No hace mucho se publicó un estudio titulado “Los guionistas en la Comunidad Valenciana”. En él se han plasmado en cifras y estadísticas toda una serie de problemas que los guionistas venimos reivindicando desde hace tiempo. En este artículo publicado por Juanjo Moscardó en Guionistas VLC podréis ver un muy buen comentario sobre alguna de estas cifras. Pero hay sobre todo una que a mi me preocupa. El 53'6%, más de la mitad de los guionistas entrevistados, son menores de treinta y cinco años. Las razones son obvias. La inestabilidad profesional, la incertidumbre y la imposibilidad de contar con unos ingresos más o menos constantes se sobrellevan bastante bien cuando empiezas. No tienes cargas familiares de ningún tipo, no te importa no tener vacaciones, los gastos fijos mensuales son bajos... Pero con los años las circunstancias van cambiando y todo esto empieza a pesar cada vez más. Esta es la razón por la que la proporción de guionistas menores de treinta y cinco años es mayor, porque llega un momento en el que la gente no aguanta más y decide cambiar de oficio.

Cuando empecé a estudiar guión, recuerdo que nos decían que esta era una profesión para corredores de fondo. Y ya lo creo que lo es. Mantenerse, seguir corriendo, es agotador.

Yo todavía me apaño bien. Lo económico me está respetando y la mayoría de los días escribo con tantas ganas como el primero, pero con más oficio. La pregunta es cuánto tiempo podré seguir, si caerá también sobre mi esa Espada de Damocles que parece flotar sobre la cabeza de todo guionista y que cuando cae les obliga a cambiar de profesión. Eso solo el tiempo lo dirá, mientras tanto, seguiré disfrutando del placer de hacer lo que me gusta y peleando para poder hacer lo mismo al día siguiente. A veces, pensar demasiado en el futuro es un lujo que no nos podemos permitir.

6 comentarios:

  1. GRAN POST RAFA! QUÉ GRAN VERDAD.
    No entienden que estés escribiendo para en un futuro... uno, dos, o tres años... poder vender un guión y que te paguen todos los plazos. Yo casi siempre he vivido entre proyectos, y es agotador, estresante, y lo siguiente... pero muy satisfactorio y soy mi propio jefe (así me va...).
    Lo del dato de la edad... con tus comentarios suficiente. Además cada vez hay más programas y series pero también muchos más guionistas... la oferta y la demanda está haciendo que bajen los salarios, y para que os hagáis una idea. Ahora se cobra menos que hace 20 años en TVE por una hora de ficción... Esto me lo comentó un guionista veterano, que ya no trabaja en televisión porque para lo que cobraba... Bueno un abrazo
    Juanjo

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  2. Jajajajaja! Esa misma sensación tengo yo, Rafa, cada año por Navidad!!!! es agotador explicar en qué trabajas y que no lo entienda ni el tato... gestión cultural? y eso que es??? lo curioso es que cd les explico que coordino una asociación de guionistas a todo el mundo le hace mucha gracia y les parece super chulo y muy romántico...y me hablan de alguien que conocen que escribe algo y me coemntan si le puedo echar una mano... en fin, que me siento "algo" identificada con tu post... besitos!!! la lucha continúa...

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  3. Supongo que con decir que mi madre me llama todos los días para debatir conmigo el estado de las oposiciones y las plazas de funcionario en el mundo es suficiente. Lo cierto querido, es que hay cosas por las que merece la pena seguir corriendo mientras todavía nos quede aliento. Además, que así al menos nos podemos tomar un café cada cierto tiempo y hacernos terapia grupal... Por cierto, ¿me invitas a café?
    Un beso vecino guionista
    fdo: otra guionista

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  4. No soy guionista ni creo que nunca lo sea. Ni siquiera soy un trabajador, sigo estudiando, pero yo también tengo la absurda idea de trabajar en algo que me apasione (aunque no sé si lo hará) y me guste (tampoco sé si tendré la suerte).

    De mi futurible trabajo tambén me han dicho que es como una carrera de fondo. Que también la gente se cansa y tiene que dejarlo cuando cumple una edad. Tampoco hay horarios de oficina, en muchas ocasiones tampoco sueldo a fin de mes. De las bromas tampoco te libras.

    En un principio tu trabajo y el posible mío se supone que no tienen nada que ver, aunque por lo que veo tiene muchas similitudes.

    Estudio física, y pretendo investigar.

    P.D.: Al menos a ti no te preguntan "¿y eso para qué sirve?"

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  5. Dado que esta entrada está cosechando una cantidad insospechada de comentarios -cuatro van ya nada menos- voy a responder antes de que se acumulen en tal cantidad que pretenderlo se convierta en tarea imposible.

    JUANJO: Estoy de acuerdo contigo en que tal y como se están dando las cosas el dato que arrojó el estudio -53'6% de los guionistas tienen menos de treinta y cinco años- se quedará en nada en breve, si no lo ha hecho ya. Los guionistas veteranos, aquellos que saben cuanto vale realmente su trabajo, cada vez tienen más complicado encontrar quien les pague como corresponde y al mismo tiempo la multiplicación de pantallas con la TDT, internet, móviles y demás, favorece y yo diría que incluso potencia la entrada en el mercado de gente dispuesta a trabajar por muy poco, cada vez menos. La necesidad de una regulación y de unos baremos mínimos que corrijan esta tendencia es obvia.
    Tú estás luchando como el que más por conseguirlo. Desde aquí te animo a que sigas en ello y te recuerdo que no estás empujando solo.

    VIRGINIA: Me estoy dando cuenta de que los incomprendidos somos muchos. Desde luego, si es difícil ser guionista no quiero ni imaginar lo que debe ser coordinar una asociación de guionistas... Lo tuyo tiene mérito. No sé como lo soportas, pero lo estás haciendo genial. ¡Sigue así!
    No podía decirlo en el artículo, pero si no quieres tener que explicar nada a nadie y ahorrarte tonterías lo mejor que puedes hacer es responder “Tornero fresador” a la puñetera pregunta. Nadie sabe qué es exactamente, pero siempre buscan a uno en las ofertas de empleo. A mi me funciona y créeme, quedarás bien. Aunque si no te importa quedar mal, cuando te pregunten ¿En qué trabajas? Siempre puedes responder “¿Y a ti qué puñetas te importa?”.

    ANÓNIMO: Si sigo en esto, en parte, es por nuestras terapias grupales. Quedas invitada/o oficialmente y con testigos a un café. Lleva un pañuelo rojo para que te reconozca, no vaya a acabar pagando el café de quien no es.

    KUNZAHE: Créeme, me han preguntado bastantes veces ¿y eso para qué sirve? Así que definitivamente guionistas y físicos tenemos mucho en común. Quien lo iba a decir...
    Te animo a que persigas con todas tus fuerzas la profesión que consiga apasionarte todos los días. No hay nada más gratificante que dedicar tu tiempo a aquello que más te gusta. Y si de vez en cuando necesitas apoyo, siempre podrás contar con la comprensión de un guionista.
    Como símbolo de compañerismo entre gremios, mañana me pondré una bata blanca para escribir.

    Un saludo a todos, espero leeros otra vez por aquí.

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  6. Decía la buena de Susan Sontang que la escritura crea más muertos, desplazados, mutilados y sonados que las guerras. Decía García Márquez que una cosa muy jodida debe ser la vocación de contar historias cuando alguien está dispuesto a pasar frío, hambre e incomprensión a cambio de intangibles. Bueno, igual no es tan grave. Uno siempre tiende a pensar que su situación es peor que la del resto. Aunque si ese uno vive a menos de diez mil kilómetros de Canal 9 tal vez tenga razón. A mi, si te sirve el ejemplo, me mantiene en esto la inconsciencia, la vaga certeza de que todo acabará saliendo bien. Y cuando un desconocido insiste en saber más de mi trabajo opto por poner cara de subnormal - que me sale preocupantemente bien - y desesperarlo con historias laterales que nada tienen que ver con lo que preguntó. Es divertido.

    Mir, de mirymor.

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