6 feb. 2012

Cultura libre


Este post fue publicado en Guionistas VLC el 25/1/2012
Cuando aparecieron los primeros artilugios capaces de mantener los alimentos frescos durante todo el año, la Iglesia Católica maldijo el invento. Sus representantes afirmaron rotundamente que solo Dios tenia potestad para convertir el agua en hielo y que el hecho de que el hombre se atreviese a jugar con la temperatura de los objetos sería castigado por la divinidad.
Curiosamente, la Iglesia Católica controlaba buena parte del negocio de la nieve. Cada invierno la nieve se recolectaba y almacenaba en las neveras o pozos de nieve de las montañas, compactándola hasta convertirla en hielo y después se transportaba allá donde hubiese demanda para venderlo al peso.
Por suerte, nadie les hizo caso. La comodidad pudo con el miedo, los frigoríficos se acabaron extendiendo y ahora hasta el Papa se toma una cervecita fría de vez en cuando.
Sencillamente podía hacerse. Se había inventado una tecnología capaz de hacer la vida más fácil y confortable a todo el mundo, por lo que aquello no había quien lo parase. Ni Dios.
Años más tarde, la tecnología nos brinda la posibilidad de disfrutar de las series y el cine de estreno en nuestras casas, pero alguien afirma que ese invento es maligno. Si seguimos el patrón, solo tenemos que ver a quién perjudica económicamente este invento para descubrir quién está tratando de detener lo imparable.
El cierre de Megaupload por parte del FBI ha levantado una polvareda descomunal. No faltan los que aplauden la machada como si del final de una película de Hollywood se tratase, pero también hay una auténtica legión de internautas indignados que incluso han empezado a tomar medidas.
Desde mi punto de vista, ni los unos deberían aplaudir tanto, ni los otros elegir bando tan rápidamente.
La operación del FBI ha sido una chapuza que no servirá de nada.
Ha sido una chapuza porque se ha perjudicado a gente que no estaba incumpliendo ninguna ley. Megaupload, además de videos pirata, servía para que mucha gente almacenase documentos y archivos propios que habían colgado en la red para compartirlos o para poder trabajar con ellos desde la nube, como se suele decir. Ahora no se sabe qué va a pasar con esos archivos y es posible que los hayan perdido para siempre.
Y no servirá de nada porque es solo cuestión de tiempo que el hueco que ha dejado Megaupload sea aprovechado por otros. La piratería no es más que una respuesta natural del mercado. Si existe una demanda y la tecnología necesaria para satisfacerla, las leyes no impiden que el mercado encuentre el modo de satisfacer esa demanda. Siempre habrá gente dispuesta a arriesgarse y cada una de las oleadas aprende de la anterior.
Ahora mismo, por ejemplo, después de ver el modo en que Kim Schmitz y los suyos han caído, si yo fuese un pirata informático con la infraestructura necesaria como para construir otra web similar a Megaupload, buscaría un “paraíso digital”. Es decir, un país que se prestase a alojar mis servidores pirata y se comprometiese a protegerlos de las leyes de otros países a cambio de parte de los beneficios.
Si existen paraísos fiscales ¿por qué no iban a aparecer los paraísos digitales? ¿sería capaz EEUU de invadir un país para proteger los intereses de su industria del entretenimiento? ¿encontraría pruebas de que dicho país dispone de armas de destrucción masiva?
Este tipo de páginas no desaparecerán de la red hasta que no haya una opción legal que cubra esa misma demanda en unas condiciones razonables. Que el mercado se empecine en negarnos una opción perfectamente viable, que ya hemos probado y que además nos gusta, no tiene ningún sentido. La industria debería luchar contra la piratería ofreciendo una opción mejor, pero esto supone un cambio de modelo de negocio que probablemente obligue a un recorte en los beneficios y parece que, de momento, no les viene bien.
Pero que nadie me malinterprete. Tal vez no del modo en que se ha hecho, pero Megaupload tenía que cerrarse.
Es absurdo criminalizar a los usuarios y usuarias por consumir productos audiovisuales a través de todas las vías que tienen a su alcance y no solo a través de aquellas que tienen la bendición de la industria audiovisual. Pero también es ridículo pretender que alguien que se ha estado aprovechando del trabajo de otros sea un santo.
Megaupload y todas las páginas que se lucran comerciando con contenidos que han conseguido de forma fraudulenta y sin pagar a sus autores, deben desaparecer.
Como usuarios de internet tenemos derecho a tener el servicio que estas páginas ofrecen. Pero como autores y autoras tenemos derecho a parte de los beneficios.
El cierre de Megaupload ha generado toda una serie de comentarios acerca de que se está poniendo en peligro la libertad en internet y la cultura libre. Personalmente no puedo estar más a favor de ambos conceptos, pero me temo que no todos los entendemos del mismo modo.
Muchos de los que hablan de la cultura libre en realidad lo que quieren decir es cultura gratis. Puede que la confusión provenga de la expresión inglesa “free culture”, pero el español es un idioma rico, tenemos dos términos distintos para traducir esta expresión y no son sinónimos.
La cultura debe ser libre siempre (analizar qué factores garantizan que esto sea posible daría para otro post entero en el que probablemente acabaríamos hablando de televisiones autonómicas), pero no tiene por qué ser gratuita.
Aquí mismo, en este blog, cinco guionistas y una firma invitada a la semana exponen su trabajo en forma de post sin cobrar nada a cambio. Esto puede considerarse cultura libre y gratuita. Pero estos mismos, los que firmamos este blog, cuando trabajamos para una productora escribiendo guiones, exigimos que nos paguen. No tiene nada de malo, la cultura no es menos cultura por el mero hecho de que quien la genere consiga algo a cambio, es simplemente que aspiramos a ganarnos la vida con esto.
El audiovisual es un negocio, mucha gente se enriquece con él y estoy seguro de que todo el mundo estará de acuerdo en que es lógico que los autores, los verdaderos generadores de esta industria, consigan llevarse su parte.
Por eso páginas como Megaupload, que no forman parte del negocio, sino que se aprovechan de él parasitándolo, no pueden existir.
Hace ya más de un año publiqué aquí mismo un post en el que, entre otras cosas, decía que ya iba siendo hora de que tuviésemos un internet en serio que nos ofreciese unos niveles de calidad dignos en relación a lo que ya estamos pagando, tanto en velocidad como en calidad de archivos.
A día de hoy, seguimos igual o peor. Que Emule sea, de nuevo, uno de los programas más descargados en Softonic es casi como si volviésemos a las montañas a por nieve.
Espero que pronto los gerifaltes de la industria se den cuenta del error que están cometiendo, reaccionen y acaben viendo los estrenos de las películas que ellos mismos producen desde sus propias casas a través de internet. ¡Qué narices! Espero que hasta el Papa lo haga mientras se toma una cerveza bien fresquita.

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