20 nov. 2012

Produce tú que a mí me da la risa


No hace mucho, me senté delante del ordenador, lancé la cola del frac por detrás de la banqueta como hacen los pianistas y, tocando las teclas sin desafinar ni un pelo, escribí:
SEC 1.- EXT. DÍA              TERRAZA
Os juro que en ese mismo momento, incluso antes de escribir las primeras acotaciones que vendrían después, yo ya pensaba que acababa de hacer magia. Me sentía inspirado, creativo, el puto amo. Sólo había escrito el encabezamiento de la primera secuencia y ya había conseguido situar la historia en un contexto mágico. Imaginaba una terraza, con la ciudad de fondo y los personajes hablando apoyados en la barandilla. Estaba seguro, acababa de hacer magia.
Pero me equivocaba, lo que acababa de hacer era liarla parda.
Si hay un consejo que creo que puedo dar a los guionistas que empiezan, es que traten de ponerse en la piel de todas y cada una de las personas que participan en el proceso creativo que empieza justo después de que ellos terminen de escribir. Todo guionista debería ser consciente del esfuerzo que requiere convertir las palabras en imágenes.
Evidentemente, no quiero decir que debamos aprender a operar una cámara, a iluminar, a sonorizar, a interpretar, a maquillar, a elegir vestuario, a dirigir, a montar, a producir… cada una de esas cosas son lo suficientemente complicadas por separado como para que alguien intente dominarlas todas. Si eres guionista, céntrate en aprender a escribir bien, que sólo con eso ya tienes trabajo para toda una vida. Pero comprender la dificultad de cada una de estas tareas y conocer de cerca a la gente que las desempeña enriquece mucho.
En mi empeño por conseguirlo, me he visto en medio de muchos rodajes manejando pértigas, llevando cosas pesadas de aquí para allá, preparando el catering, tomando notas de script, dirigiendo extras, dándole a la claqueta, hasta actuando, fíjate tú. Pero mi última traumática experiencia ha sido la de jefe de producción.
Había oído rumores de que eso de conseguir cosas era complicado, y yo me lo creía, pero esperaba que exageraran un poco…
Cuando asumí que iba a llevar la producción del corto “Què és un Guitar Hero?”, lo primero que hice fue empezar a pensar en el equipo humano que iba a necesitar. Por suerte, esa fue la parte fácil. Conseguí engañar a Óscar Bernàcer para que lo dirigiese, a Ramón Mascarós para que operase la cámara, a Juanjo Company para que iluminase, a Paco Tena para que sonorizase, a Ignacio Díaz para que hiciese las veces de Script, a Sarah Sanchis para que se encargase del vestuario, a Rosa Montolio para que maquillase, a Laura Giménez y Guadalupe Sáez para que se encargasen de la producción y a Javier Gallego para el montaje.
A los actores, Pep Sellés y Raul Julve, no los engañé. Sencillamente les envié el guión y crucé los dedos. Por suerte, ambos aceptaron colaborar con nosotros, por lo que pudimos trabajar con dos grandes profesionales que además encajaban a la perfección con los personajes. Para encontrar a Jaume Nieto tuvimos que organizar un casting y no fue fácil decidirse, la verdad. El nivel de los candidatos era alto. Pero ahora estoy seguro de que acertamos. Jaume lo hizo genial en el rodaje.
El problema vino después, cuando leí mi propio guión desde la perspectiva del productor, anotando en un papelito las cosas que iba a necesitar. No reproduciré la lista completa para no aburriros, pero os aseguro que maldije al cabrón que había escrito aquello. Aquí tenéis el TOP THREE de las exigencias del señorito: Una azotea o terraza comunitaria, una tienda de videojuegos y una planta de marihuana.
No parece gran cosa ¿no? No dice nada de helicópteros ni de huracanes. Pues no os dejéis engañar. Si hay algo que he aprendido en este proyecto es que encontrar una buena localización es algo complicadísimo. Necesitábamos dos y ninguna de ellas iba a ponérmelo fácil.
La primera, la terraza.
Supongo que, de haber contado con un presupuesto holgado, lo lógico habría sido elegir qué vistas queríamos para nuestra terraza y luego tantear los diferentes edificios que pudiesen ofrecerla para ver si las condiciones de sus azoteas encajaban con lo que necesitábamos y después hablar con la comunidad de vecinos para tratar de llegar a un acuerdo con ellos. Pero, careciendo de parné, el procedimiento tuvo que ser completamente distinto.
Visité todas las terrazas que tenía alguna oportunidad de conseguir porque conocía a alguien que vivía allí o porque pertenecía a algún edificio público o de alguna asociación con la que pudiese negociar. Pero finalmente, fue Carmen Valera, compañera del proyecto “Tots a una veu” del que “Què és un Guitar Hero?” forma parte, quien nos brindó la oportunidad de rodar en la terraza de la Finca Roja. Un edificio emblemático de la ciudad de Valencia. Todo un lujo.
Fotograma de “Què és un Guitar Hero?” con Pep Sellés y Raul Julve.
La segunda localización, una tienda de videojuegos.
Llegó un momento en que ya creía que no la iba a conseguir y que al final íbamos a tener que construir un decorado o convertir un videoclub en una tienda de videojuegos pero, mira tú por donde, no fue así.
Envié emails a las principales cadenas de tiendas de videojuegos que existen en España y que son unas cuantas. Sólo dos me respondieron y, de ellas, sólo Game llegó a concederme el permiso de rodaje. Eso sí, entre el primer email y el permiso definitivo pasó más de un mes y un amago de cólico. Pero la verdad es que no tengo más que agradecimiento tanto para el responsable que decidió ceder su espacio para nuestro rodaje, como para los dependientes que nos atendieron personalmente en la tienda las tres horas que estuvimos trabajando en su local.
Fotograma de “Què és un Guitar Hero?”  con Jaume Nieto.
Una vez conseguidas las dos localizaciones, pensaba que esto ya estaba hecho. Pero qué va… me faltaba la planta de marihuana.
La verdad es que nunca me preocupó demasiado lo de la planta. Siendo guionista, daba por supuesto que entre mis amigos habría más de un fumeta con aptitudes para la jardinería dispuesto a prestarme una plantita unas cuantas horas. Pues no. Cuando hice el primer sondeo, resultó que no había ninguna disponible.
Tuve la precaución de plantar yo mismo una planta (de crecimiento rápido) con todo el tiempo de antelación que pude. Pero, al ver que aquello no iba a crecer lo suficiente a tiempo, empezaron a entrarme los sudores fríos. ¿Dónde narices consigo ahora una planta de marihuana?
Hice un segundo sondeo más en profundidad, pero nada. Por cierto, aprovecho para denunciar como falso el mito de que los guionistas son unos fumetas. Al menos los que yo conozco juran que no lo son. Y más les vale que así sea, porque como algún día vaya a vuestra casa y descubra lo contrario… ¡¡me las pagaréis!!
Llegados a este punto, inicié una búsqueda exhaustiva. Empecé llamando a todas las Grow Shop que encontré, pero nada. Hablando con ellos descubrí que la venta e incluso el transporte de plantas de marihuana está prohibido. De hecho, estoy seguro de que más de uno se pensó que era un policía secreta tendiéndole una emboscada. Lo único que conseguí fue algo de información que me permitió seguir tirando del hilo.
Llamé a un banco de semillas de plantas de marihuana. Si hay semillas, habrá plantas, pensé yo. Pero lo que allí me explicaron fue todavía más extraño. Resulta que a ellos se les permite la venta de semillas, pero el objetivo de dicha copra ha de ser siempre el coleccionismo, las semillas no deben usarse en ningún caso para plantarlas. A esto lo llaman un agujero legal en la legislación. Yo lo llamo GILIPOLLEZ.
La cuestión es que allí tampoco hicieron mucho por ayudarme, excepto informarme de que algunas plantas de la familia del cáñamo, sin ser ilegales, se parecen muchísimo a la marihuana y podría dar el pego perfectamente en pantalla.
Así que el siguiente paso fue llamar a los viveros. Hablando con ellos descubrí que las plantas de cáñamo se usan como alimento para aves, y que además del cáñamo hay otras plantas con las hojas muy similares a la marihuana, como la araldia splendens.
Muy interesante todo, casi tan interesante como caro. Así que decidí que, como segunda opción, no estaba mal tener una araldia en el banquillo. Eso luce mucho. Pero mejor seguir buscando.
Entonces fue cuando hice la llamada el ahorro. Descubrí que en Valencia hay una asociación de fumadores de cannabis, THC-Valencia se llaman. Les llamé, les conté mi problema y me invitaron a ir a su local.
Una vez allí, estuvimos hablando un rato. Me contaron que, entre otras cosas, de vez en cuando organizaban proyecciones de cortos que tuviesen que ver con la marihuana. Casualmente, hacía unos años yo había participado en el rodaje de uno con esa temática y les hablé de él. “El bálsamo de María” se llamaba. De mi buen amigo Javier Carrillo.
Ese día me dijeron que lo hablarían con los socios a ver si alguno se animaba y me prestaba una planta. No salí de allí muy convencido, la verdad. Pero al día siguiente me dijeron que habían visto el corto, que les había gustado y que podía contar con una planta, ellos se encargaban de conseguírmela. Y cumplieron, ya lo creo que cumplieron. Me pusieron en contacto con una de sus socias que me dejó una planta de marihuana preciosa, con la medida justa y en flor.
Al final lo conseguí todo a tiempo. Pero me costó lo mío. A estas batallitas hay que sumarle todo el trabajo que conlleva coordinar equipos, convocar reuniones, organizar ensayos… vamos, que lo me lo he pasado teta.
He aprendido mucho, eso sí. Ahora conozco de primera mano el trabajo que supone solucionar cada uno de los problemas de producción, sé medir mejor las consecuencias de todo lo que escribo y eso me ayudará la próxima vez que necesite ajustar el guión a las necesidades de la producción.
Bueno, y también he aprendido otra cosa muy importante. He memorizado una frase que diré sin pestañear si alguien vuelve a preguntarme alguna vez quien se encarga de la producción. Diré: Produce tú que a mí me da la risa.

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