23 abr. 2011

El corto (3ª Parte): La localización


- ¿Qué se tardará en ir del punto A al punto B? ¿Cabrá todo este diálogo o los actores tendrán que andar muuuuy lento o ir haciendo paradas mientras hablan para que cuadre el final del diálogo con el momento en que llegan? Me gusta como está, pero tal vez debería recortarlo por si acaso. Quiero una conversación rápida y si van andando lento o parándose perderé el efecto que busco...
- Me da igual a donde vaya cada puerta porque no se va a ver el interior, pero ¿habrá al menos tres puertas? Si sólo hay dos no voy a poder hacer esta coña...
- ¿Cuántos sofás o sillas cabrá allí? Quiero poner a todos los personajes sentados, pero no sé si será posible que lo hagan de tal forma que nadie de la espalda a nadie...
- ¿Habrá alguna ventana en la localización llamada SÓTANO? Se me ha ocurrido un diálogo cojonudo pero arranca en el momento en que se dan cuenta de que ha empezado a llover...
Pueden parecer problemas algo tontos, pero prevenirlos se lleva por delante muchas horas de trabajo de escritura... y más vale que sea así, porque si el guionista no se plantea este tipo de cosas mientras escribe, tendrá que hacerlo otra persona cuando ya sea demasiado tarde.
Pongamos un ejemplo. Un guionista escribe una secuencia localizada en un bar sin pararse a pensar donde está la puerta de entrada al local respecto de la barra. No presta atención a este detalle bien porque en ese momento no cae en que puede ser importante, o bien, porque cuando escribe todavía no se sabe dónde se va a rodar esa secuencia. Entonces, desde la ignorancia más pura, decide que su personaje protagonista se siente en la barra a tomar algo y acto seguido escribe una acotación. Nada rebuscado, algo tan sencillo como “Ve entrar a Pedro en el local”. Sin saberlo, esta inocente y probablemente buena persona acaba de liarla parda.
Hasta la acotación aparentemente más simple de un guión puede complicar bastante la vida de la gente que habita en los rodajes. En este caso, por ejemplo, si desde la barra no puede verse la puerta de entrada al local porque queda justo a la espalda de quien esté sentado en la barra, cumplir la puñetera acotación puede llevar un buen rato. Los actores tienen la mala costumbre de no tener ojos en el cogote por lo que, en este caso, habría que forzar la postura del actor. Una forma de hacerlo sería pidiéndole que se pusiese de pie, apoyado en la barra y mirando hacia detrás de un modo lo más natural posible... Con un poco de suerte, no se notaría mucho.
Pero si la acotación fuese más explícita, del tipo “Ve entrar a Pedro en el local y se esconde agachándose debajo de la barra”, rodar la secuencia tal y como está escrita en esta localización resultaría sencillamente imposible. Para que alguien pueda esconderse detrás de un objeto, este tiene que estar entre él y aquél de quien quiere esconderse. Y la barra y la puerta de este local parecen haberse compinchado para no cumplir con esta regla.
Llegados a este punto, lo más probable es que, tras barajar opciones, el problema se acabase solucionando ignorando la acotación del guión. El personaje acabará en otro sitio en vez de en la barra, el tal Pedro aparecerá por cualquier otra puerta que no sea la de acceso al local o incluso puede que acaben pidiéndole al actor que en vez de esconderse, disimulase...
En definitiva, a los guionistas no nos queda más remedio que asumir el reto de escribir pensando no sólo en conseguir la mejor historia posible, sino también en convertir el guión en una buena herramienta de trabajo para el equipo de rodaje. Y para conseguir esto, entre otras muchas cosas, conviene conocer bien las localizaciones. Siempre que sea posible, claro.
Evidentemente muchas veces al guionista no le queda más remedio que escribir a ciegas. La producción llega una vez terminado el guión y es entonces cuando se busca o se construyen sets de rodaje que cumplan con las necesidades marcadas por guión. Pero otras veces el guionista tiene la oportunidad de pasear por las localizaciones antes de ponerse a escribir y esto conlleva muchas ventajas. Conocer las características y las dimensiones exactas del set de rodaje permite adaptar el guión al espacio real con el que se cuenta y evita muchos quebraderos de cabeza.
Mientras escribes un guión, imaginas los planos. Es inevitable y necesario a partes iguales. Proyectar en tu mente una imagen clara de cada personaje y del espacio que les rodea supone un ejercicio mental imprescindible porque un guión se escribe para ser rodado y esto significa que los personajes, sus acciones y las localizaciones en las que interactúan tendrán que ser reproducidos durante el rodaje.
Por eso, cuando empecé a escribir la primera sinopsis del corto, elegí una localización real que conocía bastante bien para situar la historia.

Me resultaba un lugar muy sugerente e imaginar a los personajes en esta casa concreta y no en un lugar abstracto inventado me ayudó a escribir.
Además, estaba seguro de que si no conseguíamos los permisos para grabar dentro, al menos sí podríamos aprovechar los exteriores y falsear el interior en otro sitio.
Ya tenía escrita la primera versión cuando fui a visitarla. Conocía bastante bien el lugar porque de pequeño pasaba muy a menudo por allí, y no sé muy bien por qué, siempre me había dado algo de miedo. Es una casa antigua y aislada, situada al borde de un camino de piedras a varios kilómetros de cualquier otra parte, en medio del monte.
Actualmente esta casa está dentro de un coto de caza y pertenece a una sociedad de cazadores. Es su punto de reunión, el lugar en el que se juntan todos entre tiro y tiro para meterse una buena comilona entre pecho y espalda a media mañana, recuperar fuerzas y exaltar su amistad.

Germán, un buen amigo mío, pertenece a esta sociedad y consiguió las llaves para que en aquella primera visita pudiese verla también por dentro. Fue una sorpresa. Hacía bastante tiempo que no me acercaba por allí y sólo había entrado un par de veces hacía ya unos cuantos años, así que no estaba muy seguro de que la casa fuese exactamente como la recordaba. Pero lo que me encontré superó mis expectativas. No sólo seguía siendo un lugar capaz de provocar cierto respeto una noche de luna llena, sino que además el interior era mucho más grande y con el techo mucho más alto de lo que recordaba.
De hecho, cuando vino Juanjo -Director de Foto- en la primera visita del equipo de dirección, lo confirmó. Allí dentro iba a poder montar el travelling e incluso la grúa con la cabeza caliente sin ningún problema.
Fue una suerte poder visitarla cuando todavía estaba escribiendo las primeras versiones del guión. Me permitió adaptar la acción al espacio real en el que pretendíamos rodar. Incluso hemos podido hacer algún ensayo allí mismo, puliendo las coreografías, decidiendo dónde dirá cada personaje sus frases. Todo eso es tiempo que hemos ahorrado en el rodaje.

La casa era perfecta. Sólo quedaba conseguir el permiso de rodaje. Siguiendo los consejos de Germán, redacté una carta explicando quiénes éramos, qué queríamos hacer allí y pidiendo permiso. Me presenté un día en el local de la sociedad de cazadores y después de esperar un ratito me presentaron al Señor Presidente. Le estreché la mano, le dí la carta, se la leyó muy por encima y me preguntó:
¿Es porno?
No. Le dije.
Bueno, da igual, podéis rodar de todas formas.

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