5 nov. 2010

Gran Hipócrita

Anoche, zapeando, me encontré de repente con una cabreadísima Mercedes Milá. ¿El motivo? Dos concursantes de la enésima edición de Gran Hermano habían desvirtuado por completo el espíritu y los principios más básicos de GH, palabras textuales de la presentadora, leídas en el prompter claro. Tuve que dejar el mando quieto un rato para averiguar cuales eran esos principios que el programa consideraba necesario proteger. No tardé mucho en contemplar el mayor acto de hipocresía televisiva que he visto nunca.

El gran pecado por el que estos dos personajes fueron expulsados no era otro que el de saberse personajes y haber expresado sin reparos que tenían intención de utilizarlo. Al parecer, los Barbie y Ken poligoneros de turno se habían liado en plan peli porno en un jacuzzi que casualmente había por allí, pensando que así darían más juego. Planearon liarla lo más gorda de lo que fuesen capaces para que se hablase de ellos continuamente en todos los programas satélite que inundan la parrilla de Telecinco y que se nutren de GH para rellenar horas y horas de debates absurdos. Nada nuevo si no fuese porque no sólo lo hicieron sino que también lo dijeron abiertamente y sin esconderse de las cámaras. Incluso ella, demostrando sus dotes para los negocios, afirmó en voz alta que no le importaba enseñar las tetas en la casa, aunque eso le impidiese aparecer en Interviu, si así conseguía más platós de televisión o bolos en discotecas.

Está claro que la inteligencia no era uno de los criterios del casting del programa, pero me niego a pensar que a estas alturas nadie, incluida la indignadísima presentadora, se crea que la gente entra en esa casa a vivir una experiencia. Podría conceder a regañadientes que tal vez de vez en cuando se les cuele algún que otro despistado que está pasando un mal momento en la vida y que acaba allí como podría haber acabado en un seminario o en la bañera de un motel con un riñón menos. Pero la gran mayoría sabe a lo que va. Es más, lo tienen clarísimo. Que el programa se empeñe en seguir aparentando que no es así resulta de una hipocresía absolutamente ridícula, similar al “Don't ask, don't tell” del ejército americano.

De hecho, el modo en que la propia cadena trata a estos personajes deja muy a las claras en qué consiste el juego. Alguien definió a Telecinco alguna vez como una cadena coprofágica, es decir, que se nutre de su propia mierda. Y oye, aunque la imagen mental que genera no es muy agradable, como símil funciona a la perfección. Telecinco se ha convertido en una experta exprimiendo al máximo a sus personajes. Primero los crea y después los utiliza pasándolos de programa en programa hasta que su historia se agota y bien desaparecen o bien generan otra historia nueva más truculenta que la anterior. Cualquiera que vea el canal de vez en cuando, se dará cuenta de que han creado todo un universo propio de ex-GH, ex-amantes de toreros y ex-politoxicómanos.

La cadena funciona siguiendo una especie de Star-system venido a menos. Las caras de moda protagonizan muchas horas de televisión bajo cualquier pretexto hasta que dejan de tener tirón y son substituidas por otras caras nuevas. Para que el sistema funcione es necesario que sea hábil generado nuevas caras o bien, consiguiendo que las caras conocidas no pasen de moda. A Telecinco se le dan bien las dos cosas. GH es un excelente ejemplo de lo primero y la llamada princesa del pueblo de lo segundo. Todo se mercadea y ha llegado un momento en que ya no se sabe quien está dentro de la casa llena de cámaras y quien fuera, porque casi viene a ser lo mismo.

Mercedes, en su alocada apología del espíritu del programa, nombraba una norma: Hay que ser auténticos. Estos dos podrían haberse liado y no habría pasado nada, pero lo hicieron sin sentirlo, dice en un momento de la “entrevista”. Se empeña en decir que su pecado fue fingir, actuar de un modo en el que no habrían actuado si no hubiesen estado las cámaras.

Para empezar, pedir esto es absurdo. Nadie se comporta del mismo modo cuando sabe que está siendo observado. Pero afirmar que el motivo por el que se les expulsa es que “no son auténticos” resulta de risa. Se les expulsa porque este juego pierde la gracia cuando se descubre que es un juego. Es algo así como ver un reloj Casio (sumergible a 50m) en la muñeca de William Wallace mientras mata ingleses a espadazos. La magia se rompe.

Comprendo que la Milá no pueda sentar a estos dos en el plató y decirles: Mira, os hemos tenido que echar porque si os dejábamos allí la poca gente que todavía se cree este paripé habría dejado de vernos. Pero el modo en que se le hinchaba la vena al insultarles mientras todo el público aplaudía como si realmente estuviesen enfadados, me parece excesivo.

Aunque en realidad puede que Mercedes sí les dijese eso. Tal vez sea una locura mia, pero puede que ese fuese exactamente el subtexto de la frase: Estas aquí fuera por idiota. No sé, tal vez.




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