30 mar. 2011

El corto (2ª Parte): El guión

La primera vez que hablamos sobre el guión para el corto ellos ya tenían una idea. La historia era perfecta desde el punto de vista de la producción: Solo tenía tres personajes, una única localización, podía ser rodada en un fin de semana y, por supuesto, incluía una secuencia para que el efecto de postproducción de Javi se luciese en todo su esplendor. El problema era que la historia por sí misma no acababa de convencerles del todo.

Sin tener en realidad nada que ver, la historia recordaba a El Resplandor. Una familia aislada en una casa de campo, fenómenos extraños y un final en alto.

Asumí de buena gana el reto de convertir aquella primera idea en una historia redonda, pero pronto me daría cuenta de que no iba a ser nada fácil. Por alguna razón hay historias que no quieren encajar y esta parecía ser una de ellas. Estuve durante un par de semanas dándole vueltas, tratando de encontrar esa chispa que consiguiese hacerla funcionar. Pero había un problema de fondo, a mí mismo no me gustaba ninguna de las opciones que la historia me ofrecía.

Nos veíamos todos los días en la productora y de vez en cuando hablábamos del tema. Supongo que esperaban que llegase un día diciendo que por fin se me había ocurrido la idea brillante que andaba buscando, pero ese día no llegaría nunca. Lo que sí hice concienzudamente fue identificar los problemas que la idea tenía y tratar de encontrar formas más o menos elegantes de solucionarlos. Pero todas las opciones generaban problemas nuevos. Así que al final llegamos a la conclusión de que lo mejor era olvidar esa primera idea y jugar más libremente con los elementos que teníamos. Fue entonces cuando escribí cuatro nuevas propuestas, combinando lo que ya había con algunos ingredientes nuevos:

En la primera, el padre enloquecía obsesionado con la idea de que su mujer debería haber muerto en un accidente provocado por su hijo y acababa perdiendo por completo la noción de la realidad.

En la segunda, el niño descubría unas extrañas luces en el exterior de la casa una noche, andaba hacia ellas y volvía con un mensaje: Quieren que me vaya con ellos.

En la tercera, los padres se veían obligados a explicar al niño que se iba a morir a causa de su enfermedad. Pero para su pasmo, el niño no se asustaba, sino que asumía su muerte con total naturalidad. Eso sí, con una condición, que su madre le acompañase en ese trance...

Y en la cuarta, el niño rompía cosas, daba golpes por las noches, interrumpía a su madre y su nueva pareja cuando estaban haciendo el amor con la excusa de que su radio se había encendido sola... El niño siempre negaba estar provocando todo aquello, pero la madre no le creía, estaba convencida de que todo era porque echaba de menos a su padre. El niño, que no mentía, acababa descubriendo que su padre no había muerto como ellos pensaban, sino que había sido asesinado por alguien muy cercano y había vuelto de entre los muertos en busca de venganza. Su hijo aceptaría ayudarle.

Tuve la prudencia de servirles un par de cervezas antes de contarles nada. Puse cacahuetes y más panchitos de los que se podían comer. Los acomodé en el sofá y bajé un poco la luz de la habitación para crear algo de ambiente. Pero no sirvió de mucho...

Javi, Virgi, Dani y Juanjo (Co-Directores, Ayudante de dirección y Director de foto) se me quedaron mirando con cara de: No vamos lo suficientemente borrachos.

Lo mejor de todo es que me lo esperaba. Puede que incluso lo provocase un poco... En estos casos, en los que expone su trabajo, el guionista ha de hacer un poco de comercial, vender el producto. Y para eso lo primero es creérselo. A mí no me convencía del todo ninguna de las cuatro historias y se me notó.

A pesar de ello estuvimos hablando un rato sobre los pros y los contra de cada una de ellas. La primera historia planteaba el reto de plasmar visualmente la locura del padre. Hablamos de recrear sus pesadillas o sus visiones, pero a ninguno nos atraía mucho esa idea. El tema de las luces de la segunda historia entusiasmaba y asustaba a partes iguales. Juanjo creía que podría quedar muy potente desde el punto de vista de la fotografía, pero al mismo tiempo sabía que iba a ser muy complicado rodar eso en plena montaña. Por otra parte, la tercera historia no gustaba mucho porque el protagonista era un niño moribundo... y no nos apetecía tratar ese tema. Y por último, la cuarta historia exigía una gran interpretación del actor que encarnase al niño y esto nos parecía una razón más que suficiente para descartarla.

Fue entonces cuando les dije que tenía una quinta propuesta. Había surgido casi por casualidad el día anterior, hablando con dos amigos míos, Pau y Guada, actor él y guionista ella. Les conté que había convocado al equipo de dirección del corto en mi casa para el día siguiente y que nada de lo que les iba a proponer me convencía del todo. Acabé contándoles las historias, pero muy por encima y bromeando. Se suponía que eran de terror, pero nos estuvimos descojonando un rato con el niño moribundo, el fantasma cornudo vengador y las luces que eran como las de Poltergeist pero fuera de la tele, en plan campestre...

Poco a poco la conversación fue derivando y acabamos encontrando una nueva idea. Era distinta, no encajaba bien con todo lo anterior, pero tenía algo que ninguna de las otras cuatro tenía, a los tres nos parecía obvio que ahí había una buena historia.

Esa misma noche escribí la primera versión del tratamiento. La escribí del tirón, casi sin necesidad de parar a pensar en cual debía ser el siguiente paso y cuando terminé, me encantaba. Cuando tienes algo bueno lo sabes, entre otras cosas, porque tienes ganas de contarlo. Y yo estaba deseando que llegase el momento de explicar aquella historia al equipo de dirección.

¿Una quinta? ¿Otra?

Sí, pero aquí no hay familia, son tres colegas que se han ido de acampada a una casa en el campo.

Bueno va, cuenta.

Vender esta historia me resultó más fácil. Es una historia bastante rápida, con muchos giros de guión y con un final que a día de hoy todavía no ha dejado indiferente a nadie. Pero sobre todo, lo que marcó la diferencia, fue que disfruté contándola y eso siempre se nota.

Cuando acabé, no hubo aplausos, ni tampoco me sacaron a hombros, eso nunca pasa. Pero era obvio que les había gustado y decidimos apostar por esta idea.

Poco después de que se fuesen empecé a reescribir el tratamiento con todo lo que habíamos hablado. A los pocos días ya tenía una primera versión dialogada del guión y un par de semanas después también tenía una propuesta firme para la localización. Pero esto ya os lo explico en otro post.

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