8 mar. 2011

Sinpa

Como anuncié en la entrada anterior, voy a publicar una serie de pequeños monólogos que escribí para el concurso organizado por El Hormiguero y Cinemavip.

Dieron nada menos que un mes y medio de pazo para presentar guiones, por lo que decidí tomármelo con calma y escribir algo sólo cuando alguna noticia me llamase la atención. Me lo planteé como un ejercicio personal, para ver el “esfuerzo medio” que me suponía escribir un monólogo de estas características. Algunos salieron del tirón, en menos de dos horas después de encontrar la noticia. Otros tuve que pelearlos más, pero todos fueron escritos en el plazo que más o menos tendría trabajando en un programa diario.

No gané. Lo cual me deprimió durante aproximadamente cinco minutos. Pero después recordé que esto lo había hecho para divertirme y me sentí mucho mejor.

Miento fatal, pero también soy muy crédulo, por lo que me engaño constantemente diciéndome cosas como esta y la verdad es que me animan bastante.

Lo dicho, son monólogos escritos a partir de noticias que estaban de actualidad hace más o menos tres meses y además alguien ya ha decidido que ninguno de los que voy a colgar aquí fueron de los mejores entre los 699 monólogos que se presentaron. Si a pesar de todo esto decidís leerlos lo hacéis bajo vuestra responsabilidad.

Monólogo: SINPA


Atención porque la noticia de hoy es muy preocupante. Al parecer, la ley anti-tabaco está generando daños colaterales. Según la Federación Española de Hostelería, desde la entrada en vigor de la ley se han duplicado y en algunos casos triplicado los “sinpas”.

Los que ríen es porque ya lo han hecho alguna vez, los que no, están disimulando. Porque, admitámoslo, todos lo hemos hecho alguna vez.

Un “sinpa”, para los despistados, es irse sin pagar. “Sin-pa” sin pagar, el que se inventó el término no era ningún genio.

Al parecer, lo que está pasando es que, desde que no se puede fumar en los bares, la gente sale a la calle con la excusa de fumarse un cigarrito y ya no vuelven. Hay que tener morro, es verdad. Irse sin pagar está mal. Pero qué queréis que os diga... yo lo entiendo.

Antes, para hacer un “sinpa” había que currárselo. Para levantarte de la mesa podías decir que te ibas al baño, por ejemplo. Pero claro, los bares no te lo ponen fácil. ¿Dónde están los baños? Al fondo a la derecha. ¿Por qué? Para que no haya escapatoria.

También podías hacerte el despistado con el teléfono móvil. Haces como que te llaman, andas un poco simulando que no tienes buena cobertura, te vas acercando a la puerta... y te vas. ¿Pero qué pasaba? Que casi siempre te tocaba volver porque con las prisas te habías dejado en el bar la cazadora o el bolso con todo dentro: la cartera, las llaves del coche, las llaves de tu casa... La mitad de las cosas dan igual, te irías sin mirar atrás, pero vuelves. ¿Por qué? Porque en la cartera va el DNI y renovarlo es un coñazo...

Y volver al bar cuando acabas de intentar hacer un “sinpa” da mucha vergüenza... porque el camarero se ha dado cuenta. SIEMPRE. ¡No se les escapa ni una! Lo sabe. Y tú se lo notas en la mirada, pero no te dice nada.

Tú entras... aparentando normalidad... el camarero te mira con una media sonrisa dibujada en la cara... tú le miras a él tratando de adivinar si se va a conformar con humillarte con la mirada o te va a estampar la bandeja en la cabeza... todo el bar acaba mirándote a ti porque nota la tensión que hay en el ambiente... y tú, tratando de romper de alguna forma la situación, dices: “Qué mala cobertura tenéis aquí eh...”. Y te vas a la barra y pagas. Humillado. Asumiendo que tu carrera como delincuente ha sido más cutre que la del Dioni. Pagas tu café céntimo a céntimo como si estuvieses pagando el rescate de un secuestro.

Pero ahí no acaba todo. Cuando ya te vas, el camarero, que se las sabe todas y siempre quiere tener la última palabra, va y te dice haciéndose el simpático: “Que no se te olvide el abrigo... que hace frío...”. ¡Y tú encima le das las gracias!

Esto ahora, ya no pasa. Ahora, la gente, para salir a fumar un cigarro a la calle, se pone el abrigo. No lo hacen porque ya tengan premeditado hacer un “sinpa”, ¡¡noooo!! Lo hacen simplemente porque en la calle hace frío. Y claro, de repente se dan cuenta de que están en la calle, con el abrigo puesto y de que ¡el camarero ni se ha dado cuenta! Es muy difícil no dejarse llevar por la tentación. Alguno honrado hay que dice: “Venga no, voy a pagar”. Pero cuando van a entrar ven desde la puerta, a lo lejos, al camarero que le pilló aquella vez que intentó hacer un “sinpa”... Y claro... a ver quien es el chulo que no aprovecha la ocasión para vengarse. La gran mayoría se marcha. ¿Por qué? Porque da “gustirrinín”. Porque hacer un “sinpa” y que no te pillen es como cometer el crimen perfecto, como escapar de Alcatraz.

Aunque la verdad, cada vez tiene menos mérito. Antes los camareros eran implacables. Tenían un instinto especial. Eran capaces de oler a kilómetros de distancia a los que estaban a punto de intentar hacer un “sinpa”. Pero ahora... ya no son lo que eran. Los pobres camareros están acostumbrados a vivir como los gorilas, en la niebla. Y desde que no se fuma en los bares andan... como desorientados. Se han dado casos de camareros que han ido a trabajar y al entrar en su bar de toda la vida se han ido pensando que se habían equivocado. Claro, antes, con el humo, no podían ver más allá de un radio de metro y medio aproximadamente. Y ahora todos los bares parecen más grandes, como palacios.

Por eso, desde aquí os pido que no lo hagáis más. Hacer “sinpas” era emocionante porque había un rival digno contra el que luchar, irse de un bar sin pagar era más difícil que atracar un banco con un plátano. Pero ahora ya no tiene mérito. Alguno incluso lo ha hecho por despiste, sin darse cuenta. Ya no vais a impresionar a nadie cuando digáis que habéis hecho un “sinpa”, ahora lo original será pagar. Sed originales.

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